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Catedral de Terrassa 1: La reforma moderna

Terrassa no cuenta con una catedral monumental equiparable a las de otras ciudades porque no ha sido sede episcopal hasta 2004. La actual catedral tiene su origen en la antigua iglesia del Sant Esperit, que robó protagonismo a las iglesias que componen el conjunto de la Seu d’Ègara,  que si acogieron un obispado que inauguró Ireneo a mitad del siglo V, que contó con obispos notables como San Nebridio (516-527), y que concluyó en el siglo VIII con la invasión musulmana. Pero esa es otra historia. Seguir leyendo Catedral de Terrassa 1: La reforma moderna

Vapor Amat, al servicio del arte

En el año 1982, el Ayuntamiento de Terrassa recuperó para la ciudad un espacio emblemático de la época dorada del modernismo terrassense transformando el antiguo Vapor Amat en sala de exposiciones. Un año después, otro edificio singular de características similares sería acondicionado por la Generalitat de Catalunya como otro espacio para la cultura: el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña ubicado en el antiguo Vapor Aymerich, Amat i Jover. Ambas obras llevan el sello del arquitecto modernista Lluís Muncunill y ambas también destacan, entre otras cosas por los originales lucernarios que coronan sus bóvedas. Seguir leyendo Vapor Amat, al servicio del arte

Cambra de Comerç, el barco de cristal

Detalle de su esbelta columna y alero en vértice

Así como el modernismo dotó al paisaje urbano de Terrassa con numerosas y relevantes muestras arquitectónicas, no ocurre lo mismo cuando analizamos el patrimonio contemporáneo, en el que muchas otras ciudades sobresalen con espectaculares obras de renombrados arquitectos. No obstante, como este site va de arquitectura y decoración, me he propuesto reseñar también los “emblemas” que adornan la ciudad en materia de arquitectura más o menos actual e indagaré entre las construcciones relativamente recientes para descubrir qué se ha cocido en la cocina contemporánea.

Y he decidido empezar por la aportación que en su día hicieron los comerciantes de la isla, o mejor dicho, su cámara de representación, dotándose de un edificio moderno, que despuntó por sus atrevidas líneas orgánicas y dinámicas. Se trata del edificio de la Cambra de Comerç, obra del arquitecto Francesc Bacardit Segués, que fue erigido en 1989 un solar de la calle Blasco de Garay, 4.700 metros cuadrados que antaño acogía a la industria textil Mas SA.
Con vocación mediterránea, el edificio destacó inmediatamente como un gran barco de cristal por su ondulada fachada y sus cornisas acabadas en vértice. Bacardit remató la fachada con una inmensa columna exterior erigida en el cruce de las calles Blasco de Garay con Arquímedes, con la intención de que resultara visible desde la Rambla. Eran tiempos -finales de los ochenta-en los que se hablaba del post-modernismo como tendencia artística y la arquitectura quiso también dejar su impronta en esa filosofía urbana con creaciones diversas. El diseño del edificio de la Cambra algunos lo circunscriben precisamente en la corriente del expresionismo post-moderno.
El trabajo de Bacardit se inspira a menudo en el racionalismo, caracterizado por la simplicidad de líneas y la concepción de obras de belleza minimalista. No en vano, por aquella época, el arquitecto aseguraba sentirse más atraído por las bellas artes y la arquitectura que por la construcción en sí. Tal vez por ello destaque el edificio del que nos ocupamos ahora, marcado cuya simplicidad tiene mucho de estética, tal vez por el juego visual que su sinuosa geometría le confiere al conjunto.
Bacardit lo concibió en planta libre y soportado por una estructura reticular de hormigón armado, con pilares situados a cada cinco metros y perímetro cerrado por elementos prefabricados de hormigón tratado, vidrio y acero. Son precisamente esos tres elementos los que definen claramente la fachada principal del edificio, rematada a ambos lados por dos elevadas cornisas que sobresalen en forma de alerón, acentuando el efecto óptico de la curvatura de dicha fachada. El trazado curvilíneo del frente principal del inmueble permitió dotar a la calle Blasco de Garay de un espacio público más amplio que, a la vez, realza el edificio al otorgarle más perspectiva al ser contemplado desde las calles adyacentes.
Como buen ejemplo de obra racionalista, el uso del cristal no sólo es cuestión de estética en este caso, sino que también permite aportar luminosidad al interior del inmueble, que acentúa su verticalidad mediante la disposición de rampas y escaleras que unen las distintas plantas a distancia de la pared traslúcida. El edificio alberga en su interior un total de 5 plantas, dos de ellas subterráneas que acogen un parking, un almacén y un archivo. La planta baja se destinó a recepción, oficinas y una sala de exposiciones. Presidencia se halla en la primera planta, donde también está la sala de plenos del comité ejecutivo de la Cambra de Comerç, salas para diversas comisiones, sala de actos y salas multifuncionales. La segunda planta se destinó a aulas de formación.

Gracias a Bacardit la Cambra recibió en 1990 el Premio Cívico a la mejora de fachadas del Ayuntamiento de Terrassa. A su vez, el propio arquitecto fue galardonado un año después con el Premio de Arquitectura Estética.

Años después, entre 2003 y 2008, el edificio fue remodelado por el arquitecto Jaume Armengol para adaptar sus funciones a las nuevas necesidades que se fueron generando. Entre esas intervenciones, figura la apertura del acceso al interior del edificio por la fachada principal de la calle Blasco de Garay (el diseño original la ubicaba en el cruce con la calle Arquímedes). La reforma respetó la concepción inicial de Bacardit, preservando la estética del edificio intacta.