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Catedral de Terrassa 2: el atrio neogótico

Segunda entrega sobre la Catedral de Terrassa. Tras describir la última intervención contemporánea, voy a ocuparme ahora de la remodelación que marcó la primera transformación de la fachada de la entonces Iglesia del Sant Esperit, hasta entonces caracterizada por una austeridad casi precaria. El lavado de cara del frontispicio introdujo elementos del neogótico, en un intento por armonizar el aspecto exterior de la Catedral con su interior de estilo gótico tardío (queda para el tercer y último post dedicado a la Catedral de Terrassa). Seguir leyendo Catedral de Terrassa 2: el atrio neogótico

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Catedral de Terrassa 1: La reforma moderna

Terrassa no cuenta con una catedral monumental equiparable a las de otras ciudades porque no ha sido sede episcopal hasta 2004. La actual catedral tiene su origen en la antigua iglesia del Sant Esperit, que robó protagonismo a las iglesias que componen el conjunto de la Seu d’Ègara,  que si acogieron un obispado que inauguró Ireneo a mitad del siglo V, que contó con obispos notables como San Nebridio (516-527), y que concluyó en el siglo VIII con la invasión musulmana. Pero esa es otra historia. Seguir leyendo Catedral de Terrassa 1: La reforma moderna

La otra Casa Freixa

En el año 1894 concluyó la construcción de la vivienda que ocupa el número 40 del Raval de Montserrat, conocida por el nombre de su primer propietario, Joaquim Freixa, hermano del famoso industrial Josep Freixa i Argemí, entre cuyo legado a la ciudad queda el que posiblemente sea su monumento más emblemático: la Masía Freixa.

La Casa Joaquim Freixa está considerada como la primera obra conocida del arquitecto Lluís Muncunill. Así se hace constar en la ficha dedicada a este edificio que se recoge dentro del Plan Especial de Protección del Patrimonio Histórico-Artístico de Terrassa  del año 1986. Seguir leyendo La otra Casa Freixa

Casa Joan Barata, piel esgrafiada

nom_fitxer_2589Antoni Barata Guitart, descendiente de una antigua familia acaudalada procedente de Manresa y dedicada, entre otras cosas a la hostelería, decidió establecer su residencia en la ciudad de Terrassa, mandando construir una casa señorial en la calle de Sant Pere. Fue en el año 1838, dieciséis años antes del nacimiento de su vástago, Joan Barata Quintana, quien fuera alcalde de Terrassa en dos ocasiones. Con el cambio de siglo, en el año 1905 la familia encargó al prolífico arquitecto Lluís Muncunill la remodelación de su casa, quien diseñó la apariencia que nos ha llegado hasta hoy, marcada por la corriente modernista tan en boga en esa época y que determinó la primera etapa creativa del arquitecto. Seguir leyendo Casa Joan Barata, piel esgrafiada

Ayuntamiento con aires góticos

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El edificio que alberga al Ayuntamiento de Terrassa es un raro ejemplo dentro del prolífico legado que dejó a la ciudad el arquitecto Lluís Muncunill por su carácter claramente neogótico, que rehuye los matices modernistas que caracterizaron la práctica totalidad de su obra. El diseño del actual Consistorio fue concebido en el año 1898, cuando se decidió trasladar al solar de Can Galí el antiguo ayuntamiento, que ocupaba el caserón ubicado en el número 13 del Raval de Montserrat, que  a su vez pasó a ser propiedad del Instituto Industrial de Terrassa, fundado en 1873, con el objetivo de potenciar el gremialismo de los distintos sectores industriales. Sin embargo, los terrassenses no pudimos ver acabada la obra por completo hasta mucho después.
Muncunill estuvo al frente de las obras de este nuevo edificio hasta 1903, cuando su sucesor, Antoni Pascual i Carretero, asumió la construcción. El nuevo arquitecto municipal finalizó el segundo piso sin seguir estrictamente el proyecto de su predecesor, quedando el remate final de la fachada pendiente hasta que en 1986 se decide concluirla según el proyecto original de Muncunill.
Tres grandes arcos de inspiración gótica franquean el zaguán de acceso a la casa consistorial, presidido por una escalera ancha. Los mismos se apoyan en capiteles adornados con motivos florales de gran detalle, a continuación de los cuales se extienden cuatro nervudas columnas. Esos mismos detalles de inspiración vegetal se distribuyen a lo largo de toda la fachada en diversos elementos decorativos que aportan cierta dosis de barroquismo a un conjunto de esencia sencilla.
Sobre este portal cuasi eclesiástico se levanta el primer piso del edificio, caracterizado por el enorme balcón con balaustrada que cruza todo el frontispicio y al que se accede a través de un gran ventanal rematado en arco gótico apuntado con celosía y flanqueado por otros cuatro ventanales de igual constitución. Sobre este piso se halla un segundo con ventanas rectangulares que se aparta un tanto del concepto ideado por Muncunill en cuya parte central aparece el escudo de la ciudad, sobre el cual se halla el coronamiento final del edificio, en forma triangular, que enmarca un reloj. El edificio finaliza rematado con pináculos al más puro estilo gótico.
En su interior destaca la gran escalinata de piedra y  la claraboya con vitrales, al igual que los artesonados de yesería, obra de Jeroni Ablabó, que pueden verse en el Salón de Plenos y el gabinete de Alcaldía. A la Sala de Plenos se accede a través de una triple portalada gótica que asimismo resulta de interés arquitectónico, al igual que los trabajos de carpintería de Pau Güell y la Galería de tarrasenses ilustres, que exhibe los retratos de los personajes destacados de la historia de la ciudad, según una iniciativa nacida en 1914 con motivo del homenaje a Joaquim de Sagrera.