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VPO con personalidad en Baldrich 263

DSC00180En el año 2004 la Societat Municipal d’Habitatge de Terrassa promovió la construcción de un edificio de 13 viviendas en el número 263-265 de la calle Baldrich, en el barrio del Segle XX. Encomendó la labor a los arquitectos Xavier Vancells, Franc Fernández y Carles Puig, quienes optaron por un modelo que repetirían dos años después y les merecería un premio arquitectónico. Dicho planteamiento estético se basa en su aspecto exterior en el uso de paneles de malla metálica que permiten una composición geométrica variable que define varios espacios, a la vez que contribuye a la eficiencia en el control térmico de las distintas viviendas. Seguir leyendo VPO con personalidad en Baldrich 263

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Edificio Torredemer, sinuosidad casi etérea

Torredemer llegó a ser una de las más importantes fábricas textiles de Terrassa. Tal vez por ello, los propietarios del solar en el que se alzaba el edificio quisieron que fuera sustituida por un edificio de características singulares, capaz de captar la atención de quienes buscamos en la ciudad la belleza que la arquitectura le ha legado. Calidad y singularidad fueron dos de las premisas que los impulsores del proyecto plantearon al ejecutor del mismo. Calidad de los materiales y singularidad en cuanto a la propuesta formal. El proyecto fue encargado al arquitecto Eduard Broto Comerma, cuyo equipo se encargó de diseñar el edificio que hoy da protagonismo a un importante eje de la evolución urbanística experimentada por Terrassa en torno al cambio de décadaDSC02958

Tal como explica Eduard Broto, el edificio Torredemer se creó pensando en un concepto arquitectónico marcado por la sobriedad, pero no exento de una vocación estética. Su función mixta (oficinas, locales comerciales y viviendas) permitió a su creador establecer dos fachadas bien diferenciadas: una exterior más fría y minimalista; y otra interior, abierta al gran patio privado y más cálida, en la que dar cabida a los exteriores de las viviendas.

La fachada “de exhibición”, la que da al Paseo 22 de Juliol, se materializó  en piedra, vidrio y acero inoxidable. Es la que da carácter, singularidad, al edificio, y su principal característica es una sinuosidad casi etérea acentuada por los alargados ventanales, que demarcan cada planta como si se tratase de láminas pétreas que flotan unas sobre las otras. El efecto logrado por Broto confiere a la piedra tintes dinámicos que contrarrestan la pesadez propia de este material al reducir al máximo las aristas, en favor de las formas onduladas.

DSC02956El proyecto, tal como recuerda Eduard Broto, tuvo que hacer frente a las necesidades que marcaba el ordenamiento urbanístico previsto para la zona, por lo que hubo de adaptarse a los planteamientos del Ayuntamiento, que reclamaba locales comerciales y oficinas para la zona. Finalmente, se optó por una planta en forma de “U” con un patio interior amplio y orientado al sur, que aporta luz a las viviendas edificadas. La idea fue, en palabras de Broto, “monumentalizar” la parte de la fachada que daba a la rotonda de la carretera de Rellinars, ubicando allí un “bloque que tenía una cierta autonomía y significación” en torno al que construir nuevas fases en función de la disponibilidad presupuestaria. Dicho bloque se destinó a las oficinas, y  a partir de él emana el resto del edificio.

Fue un proyecto complejo y sofisticado desde el punto de vista técnico, en el que se empleó la más moderna tecnología del momento y para el que se recurrió incluso a técnicas utilizadas en grandes infraestructuras de obra civil, entre ellas la del post-tensado. Y ello en gran parte debido a uno de los elementos más significativos de la estructura, como es al esquina flotante que da a 22 de Juliol. “Nos impusimos el reto de que las oficinas volaran, generando una sensación más etérea del  edificio, a pesar de ser de piedra. Pretendíamos liberar ese espacio de la esquina y generar una circulación. Para ello hicimos un cilindro de hormigón que baja hasta los dos sótanos, sobre el que apoyamos unas jácenas de hormigón de 2 metros que nos permiten aguantar más de 7 metros de voladizo con nueve plantas encima. Fue de una complejidad de ejecución descomunal desde el punto de vista técnico”, rememora Broto.

DSC02967En cuanto a la ondulación generada a lo largo de la fachada principal, el arquitecto egarense explica: “Cuando trabajábamos en el proyecto nos gustaba la idea de jugar con las perspectivas, y de ahí se nos ocurrió la idea de generar ondulaciones porque, desde un determinado ángulo parece que el edificio hace pendiente, cuando no es así”.

El resultado, un bello edificio que genera la ilusión de contemplar una piedra marcada por distintas grietas longitudinales, que se construyeron mediante el uso de grandes losas de piedra que sirven de parapeto del balcón superior y parasol del edificio inferior. Una fachada que contrasta y se complementa con la interior,  “mucho más transparente, más amable y habitable”,  diseñada con unos paneles corredizos que aportan un constante movimiento y mutabilidad a la propuesta.

Nova Terrassa, color y dinamismo

Paseando por mi barrio topé con este singular edificio, que inmediatamente llamó mi atención por su colorida propuesta, una rompedora puesta en escena dentro de un barrio que aún se está definiendo urbanísticamente; arriesgada, pero a la vez acertada; con personalidad fuerte y llamativa. No lo dudé y me dediqué a fotografiar sus fachadas, descubriendo otras sorpresas en su original diseño. Una de esas fotografías fue a parar a mi cuenta de Instagram donde una amiga mía comentó: “¡Qué chulo!¿Eso está en este pueblo?”. Y entonces reflexioné una vez más sobre uno de los objetivos de este blog, que no es otro que poner en valor la belleza/riqueza arquitectónica de la Ciudad porque, a la vista está, que los ciudadanos pasamos a menudo al lado de muchos edificios que contemplamos des soslayo, muchas veces olvidando la otra misión que cumplen: la de embellecer nuestros espacios públicos. Recordé mi infancia y la de veces que he pasado junto a hermosos edificios modernistas a los que no he concedido la importancia que realmente tienen hasta después de haber vivido muchos años fuera de Terrassa. Agradecí la labor realizada por el Ayuntamiento al ponerlos en valor creando una ruta turística y generando una actividad de la que se veía al margen esta gran ciudad industrial.

Pero no quiero reflexionar aquí sobre eso. Volvamos al protagonista de esta entrada, que no es otro que el edificio Nova Terrasa, ya que tal es el nombre de la promoción que se construyó en 2007 en la confluencia entre las calles Baldrich y Navas de Tolosa.

Me costó un poco llegar hasta el responsable de este magnífico ejemplar de arquitectura contemporánea, pero al final llegué hasta él – desde aquí os recomiendo, arquitectos, que seáis un poquito menos humildes y firméis vuestras obras con una placa en las fachadas-.

Obra del conocido arquitecto Eduard Broto Comerma, el edificio Nova Terrassa es un inmueble plurifamiliar de 187 viviendas, que fue edificado en distintas fases, finalizándose en 2010.

Según cuenta Eduard Broto, a la hora de plasmar su creación partió de dos premisas: un ajustado presupuesto para el gran volumen edificable, y el deseo de dotar a este barrio emergente de un edificio con gran personalidad. “Vimos que teníamos ante nosotros un edificio con una gran potencia de volumen y nos planteamos hacer algo con un poco de gracia”. El concepto elegido para la fachada principal de este edificio, la que da a la calle Navas de Tolosa, fue “una estantería llena de cajas de colores, buscando un contraste con el fondo; unas cajas que son aleatorias: unas son individuales otras dobles y otras triples, y van configurando un desorden dentro del orden”, señala el arquitecto.

Efectivamente, al contemplar este edificio uno imagina una suerte de casas prefabricadas apiladas en una estructura blanca y no puede evitar también rememorar los juegos infantiles de construcciones con sus bloques de colores.

Esa especie de “divertimento” que supuso la elección del color para adornar la fachada principal fue a la vez una complicación para el estudio de arquitectos dirigido por Eduard Broto, pues hubo de afrontar distintas dificultades, como la propia selección de los distintos colores: verde, amarillo y rojo, o los materiales para su perdurabilidad. Así, Broto explica que las celdas de color se sometieron a varios experimentos hasta decidir recubrirlas con un material a base de aluminio y resina capaz de garantizar la impermeabilidad y la durabilidad del color.

Pero el fuerte diseño de colores contrasta armónicamente con la solución que el equipo de arquitectos de Broto Comerma eligió para el resto de las fachadas, donde el elemento color desaparece y la idea de la colmena cobra vida.

La promotora -cuenta Broto- quería para el resto del edificio una solución más austera y neutral y la incorporación  de balcones. Entonces se optó por la creación de una especie de malla de piedra y hormigón que dividía la fachada en celdas más o menos cuadradas, pero el acierto total fue jugar con la orientación dispar de las paredes que demarcan cada celda, generando un efecto dinámico, casi orgánico, de gran belleza, que otorga también personalidad al conjunto del edificio.

Una vez diseñadas esas irregulares celdas, se decidió obtener inspiración de las mismas para la elaboración de las rejas que protegen las ventanas de las viviendas de la planta inferior, acentuando la armonía del edificio, que fue construido en forma de “U” para albergar un patio interior.