Vapor Aymerich, Amat y Jover: mar de ladrillo

Abrió sus puertas en 1907 como un gran centro de producción textil en el que se llevaba acabo todo el proceso de elaboración de paños, desde el hilado y la fabricación de tejidos hasta los tintes y acabados. De ahí las dimensiones de su gran nave, que resulta espectacular contemplada desde cualquier perspectiva interior. En 1983, siete años después de que cesara su actividad industrial, fue adquirida por la Generalitat de Catalunya con la finalidad de que albergase la sede del Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica de Catalunya, adaptando su espacio al uso museístico, aunque conservando su estructura original intacta. El vapor Aymerich, Amat i Jover está considerado como uno de los mejores ejemplos del modernismo industrial catalán y, sin lugar a dudas, es uno de los edificios más importantes de la ciudad, que llama la atención por su original arquitectura, especialmente plasmada en su cubierta.

Su construcción fue ordenada por los tres industriales terrassenses que le dieron nombre, que por entonces habían formado una sociedad para construir la que posiblemente fue la fábrica más importante de la época en Terrassa. El diseño del edificio fue encargado al arquitecto Lluís Muncunill, quien lo concibió como una única nave de grandes dimensiones -unos 11.000 metros cuadrados- de planta rectangular, reforzada por un edificio central anexo que alojaba los espacios donde se generaba la energía necesaria para movilizar la maquinaria de la fábrica: las carboneras, las calderas, la chimenea y la máquina de vapor que, a través de un gran volante y de su correa, transmitía el movimiento a las máquinas mediante un mecanismo de árboles de transmisión, poleas y correas. Como consecuencia de la función museística del edificio, en la actualidad parte de ese mecanismo de ruedas forma parte aún de la estructura metálica que soporta el espectacular techo de la nave, posiblemente el elemento arquitectónico más remarcable de todo el conjunto, junto con su esbelta chimenea. Esa cubierta fue realizada mediante la unión de un sinfín de bóvedas catalanas de ladrillo plano que descansan sobre columnas de hierro colado, formando una espectacular estructura que recuerda un mar de olas vista desde el exterior. Cada una de esas bóvedas dispone de grandes ventanales orientados al norte que aportan luz cenital por toda la nave y que constituyen el sello personal de este edificio singular. Actualmente, al margen de la exposición permanente y temporal que se exhibe en el interior de este antiguo vapor, los visitantes pueden también conocer cómo era el proceso de fabricación de los tejidos de lana en el contexto original de una fábrica de principios del siglo XX.

 

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