Casa Boguñà, modernismo actualizado

El céntrico edificio que muchos terrassenses tienen asociado a una famosa tienda multinacional de café fue, en realidad, la casa solariega de la familia propietaria del Mas de Can Boguñà, cuyos integrantes cambiaron la vida en el campo por otra más urbana, estableciéndose en unos terrenos ocupados por un emplazamiento militar medieval, en pleno Raval de Montserrat.  El cabeza de familia, Josep Bogunyà i Galceran, encargó en 1905 el proyecto de su nueva casa al arquitecto Lluís Muncunill, quien concibió un bello y sencillo proyecto de cariz modernista, que con el paso del tiempo fue protegido como Bien Cultural de Interés Local (BCIL), lo que supuso la salvación de su fachada frente al irrefrenable avance de la especulación urbanística en un lugar de especial atractivo para empresas promotoras e inmobiliarias.

Ubicada en la esquina del Raval con la calle Unió, la Casa Josep Boguñà (también conocida como Casa Bogonyà) ofrece en la actualidad un curioso ejemplo de hibridación entre arquitectura modernista y contemporánea, debido al añadido que se ejecutó durante una reforma planificada entre los años 2001 y 2006. Al margen de lo acertado o no de la fórmula adoptada para incrementar su volumetría manteniendo el espíritu del edificio original, los valores fundamentales del mismo (los que le valieron su protección oficial) hemos de buscarlos en su pertenencia a la corriente arquitectónica del Modernismo y al valor añadido de ser una obra con personalidad propia del insigne arquitecto Lluís Muncunill.

Edificada en los primeros años del siglo XX, es una residencia concebida en planta baja, piso y jardín posterior, cuya fachada principal (la que da al Raval de Montserrat) es de concepto simétrico. Se caracteriza por los tres gabletes que coronan el conjunto. Rematados en forma de arco peraltado, se alejan de la morfología más frecuente en un gablete -la triangular- que podemos contemplar, por ejemplo, en el edificio próximo del Ayuntamiento, de inspiración neogótica (precisamente el gablete suele ser un elemento arquitectónico del gótico). En este caso, los gabletes con los que Muncunill adornó la Casa Boguñà son un recurso estilístico que acentúa la idea de las 6 aberturas que se hallan por debajo, rematadas por arcos rebajados con cantos romos que también apreciamos en otras obras de este arquitecto.

El conjunto refleja así un aire marcado por la sobriedad, donde las formas sinuosas y la leve ornamentación marcan la pauta en una obra de ladrillo revestido con estucado. En este caso, sólo los mencionados gabletes, en cuyos tímpanos observamos relieves con motivos florales minimalistas, contienen elementos meramente decorativos.

La disposición de la fachada principal se repite en la fachada lateral que da a la calle Unió, aunque la simetría se rompe con el añadido que se incorporó a principios de la década de 2000 en la zona en que se hallaba el jardín de la vivienda. En esa fachada hallamos cuatro grandes aberturas en la planta baja rematadas con  arcos rebajados como las de la fachada principal. Dos se hallan en el centro y otras dos en los extremos. Sobre las mismas, igual que ocurre en la fachada principal, se sitúan ventanas de idéntica configuración, pero de tamaño más reducido. Y por encima de éstas, hallamos los gabletes que son señal de identidad de la Casa. 

La reforma contemporánea

A principios del siglo XXI la familia Malgosa era la propietaria de la Casa Boguñà, cuyo estado, pese a ser un bien catalogado y protegido, era casi ruinoso. Se planteó su derribo, pero no se contempló, lo que llevó a buscar una solución intermedia para poder reacondicionar el edificio para su uso comercial. El 17 de octubre de 2001, la Comisión Territorial del Patrimonio Cultural de Barcelona, órgano dependiente de la Conselleria de Política Territorial i Obres Públiques de la Generalitat de Catalunya, acuerda aprobar definitivamente una modificación del Plan Especial de Protección del Patrimonio Histórico Arquitectónico Ambiental referido a la ficha R-19 (Casa Boguñà), con la finalidad de incorporar una reforma integral que permita ampliar el volumen edificado manteniendo a la vez la fachada original (DOGC número 3555 de 17 de enero de 2002). Fue el pistoletazo de salida aun proyecto promovido por la empresa Terrassa Immobiliària Par-3, S.L., cuyo diseño se encargó a los arquitectos Francesc Bacardit i Segués y Jaume Armengol i Clotet, cuyo equipo se apoyó en Josep Malgosa i Morera, como arquitecto técnico y  en la empresa BIS Arquitectes, a la que se se encargaron los trabajos de la estructura. La ejecución de la obra concluyó en 2006 y la superficie construida fue de 1.181 metros cuadrados, con una importante transformación del edificio que pretendía, según los arquitectos: “conjugar y formalizar el diálogo nuevo-viejo con la voluntad de contener actividades diversas que permitan dar respuestas flexibles a las demandas de los futuros usuarios“.

En la página web de los arquitectos se describe el proyecto así: “Urbanísticamente, se pretende resolver volumétricamente y de manera compleja el vacío del Raval de Montserrat en este punto concreto del cruce de la calle Unión. Sin embargo, permeabilizando la fachada en planta baja se conseguirá mejorar el intercambio interior-exterior, dotando de un aspecto de centralidad urbana que esta esquina no tenía“.

En otras palabras, el objetivo, según parece, era resaltar el carácter de la finca y sus valores artísticos para ponerla en el foco de atención dentro del enclave en que se halla, dominado por otros edificios protegidos, como el propio Ayuntamiento o la Casa Emili Badiella, ente otros. El equipo de arquitectos planteó una solución novedosa en Terrassa, aunque no en otras localidades, consistente en crear un nuevo volumen edificado por encima de la fachada original, dotándolo de un estilo propio y contemporáneo que contrasta notablemente con el original modernista, pero que a la vez lo acentúa actuando como una especie de “marco”.  Y es que el concepto minimalista de Muncunill casa a la perfección con planteamientos estéticos de actualidad, lo que facilitó que la propuesta funcionase. Un acierto del equipo de arquitectos terrassense fue separar ambos volúmenes mediante una franja de ventanas de cristal, lo que realza el principal elemento decorativo de la fachada original: los gabletes redondeados ornamentados con motivos florales.

El proyecto ejecutado derruyó completamente el edificio -a excepción de las fachadas principal y lateral-, con lo que se perdieron los suelos de cerámica hidráulica originales, entre otros elementos decorativos. Se construyó una planta baja de uso comercial, otra bajo cubierta y tres pisos en la zona de la fachada principal, con una altura de 7 metros de fachada, mientras que en la zona lateral se construyó una planta baja con planta piso y el bajo cubierta mencionado.

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