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Parc del Nord, inspiración inglesa

Una interesante intervención urbanística es la que se produjo en 1999 al crearse un espacio verde en la zona de la antigua estación de la RENFE, una vez finalizado el gran proyecto transformador que fue el soterramiento de las vías ferroviarias que separaban el norte y el sur de la ciudad de Terrassa. Ese gran espacio, reconvertido en un amplio paseo, reservó un área importante para habilitar el Parc del Nord, un pequeño pulmón verde que ha dado calidad de vida a los vecinos de la zona. El Ayuntamiento puso el proyecto en manos de los estudios BAMMP Arquitectos Asociados y Ruisánchez Arquitectos, que concibieron un proyecto basado en los parques urbanos británicos.  Seguir leyendo Parc del Nord, inspiración inglesa

La Font del Progrés, homenaje a la ciencia

11313659_869109146493070_1679263975_nLa industrialización de Terrassa estuvo muy ligada a los procesos innovadores desarrollados por la ciencia. Tal vez por ello Terrassa rinde homenaje a los inventores insignes en su callejero. Faraday, Galvani, Marconi, Galileo, Arquímedes… son nombres vinculados al progreso que se refieren a una zona del centro de la ciudad. A mediados del siglo XIX, la zona comprendida entre la rambla del Palau (actual Rambla d’Ègara) y el torrente del Batlle (calle de Faraday) comenzó a poblarse con una oleada de inmigrantes provenientes de Aragón, Valencia y el interior de Catalunya que construyeron allí sus hogares. En el centro de esa nueva zona urbanizada quedó un espacio libre que se transformó en una plaza y que en 1885 recibió el nombre de plaza del Progreso, en consonancia con los nombres de calles del entorno dedicados a científicos e inventores ilustres. Seguir leyendo La Font del Progrés, homenaje a la ciencia

Vallparadís, el Central Park de Terrassa

DSC03674La transformación de los torrentes de Vallparadís, Monner y Les Ànimes en lo que hoy es el gran parque central de Terrassa ha supuesto, sin duda, el proyecto urbanístico de mayor relevancia tras el derribo de las antiguas murallas y la primera gran planificación de la ciudad. La ubicación de dichos torrentes en un nivel inferior al suelo urbano ha resultado clave para su supervivencia. Si dicha orografía fue antaño un puntal para la seguridad de los primeros asentamientos de población, significó posteriormente el gran problema de la ciudad para su cohesión territorial, al verse dividida por esta gran “falla” insalvable, que separaba el antiguo pueblo de Sant Pere de la Terrassa surgida en torno al palacio medieval hoy desaparecido. La construcción del puente del paseo permitió el crecimiento de la ciudad al salvar el gran torrente de Vallparadís, que seguía siendo un espacio salvaje en mitad de la ciudad. Seguir leyendo Vallparadís, el Central Park de Terrassa

Edificio Torredemer, sinuosidad casi etérea

Torredemer llegó a ser una de las más importantes fábricas textiles de Terrassa. Tal vez por ello, los propietarios del solar en el que se alzaba el edificio quisieron que fuera sustituida por un edificio de características singulares, capaz de captar la atención de quienes buscamos en la ciudad la belleza que la arquitectura le ha legado. Calidad y singularidad fueron dos de las premisas que los impulsores del proyecto plantearon al ejecutor del mismo. Calidad de los materiales y singularidad en cuanto a la propuesta formal. El proyecto fue encargado al arquitecto Eduard Broto Comerma, cuyo equipo se encargó de diseñar el edificio que hoy da protagonismo a un importante eje de la evolución urbanística experimentada por Terrassa en torno al cambio de décadaDSC02958

Tal como explica Eduard Broto, el edificio Torredemer se creó pensando en un concepto arquitectónico marcado por la sobriedad, pero no exento de una vocación estética. Su función mixta (oficinas, locales comerciales y viviendas) permitió a su creador establecer dos fachadas bien diferenciadas: una exterior más fría y minimalista; y otra interior, abierta al gran patio privado y más cálida, en la que dar cabida a los exteriores de las viviendas.

La fachada “de exhibición”, la que da al Paseo 22 de Juliol, se materializó  en piedra, vidrio y acero inoxidable. Es la que da carácter, singularidad, al edificio, y su principal característica es una sinuosidad casi etérea acentuada por los alargados ventanales, que demarcan cada planta como si se tratase de láminas pétreas que flotan unas sobre las otras. El efecto logrado por Broto confiere a la piedra tintes dinámicos que contrarrestan la pesadez propia de este material al reducir al máximo las aristas, en favor de las formas onduladas.

DSC02956El proyecto, tal como recuerda Eduard Broto, tuvo que hacer frente a las necesidades que marcaba el ordenamiento urbanístico previsto para la zona, por lo que hubo de adaptarse a los planteamientos del Ayuntamiento, que reclamaba locales comerciales y oficinas para la zona. Finalmente, se optó por una planta en forma de “U” con un patio interior amplio y orientado al sur, que aporta luz a las viviendas edificadas. La idea fue, en palabras de Broto, “monumentalizar” la parte de la fachada que daba a la rotonda de la carretera de Rellinars, ubicando allí un “bloque que tenía una cierta autonomía y significación” en torno al que construir nuevas fases en función de la disponibilidad presupuestaria. Dicho bloque se destinó a las oficinas, y  a partir de él emana el resto del edificio.

Fue un proyecto complejo y sofisticado desde el punto de vista técnico, en el que se empleó la más moderna tecnología del momento y para el que se recurrió incluso a técnicas utilizadas en grandes infraestructuras de obra civil, entre ellas la del post-tensado. Y ello en gran parte debido a uno de los elementos más significativos de la estructura, como es al esquina flotante que da a 22 de Juliol. “Nos impusimos el reto de que las oficinas volaran, generando una sensación más etérea del  edificio, a pesar de ser de piedra. Pretendíamos liberar ese espacio de la esquina y generar una circulación. Para ello hicimos un cilindro de hormigón que baja hasta los dos sótanos, sobre el que apoyamos unas jácenas de hormigón de 2 metros que nos permiten aguantar más de 7 metros de voladizo con nueve plantas encima. Fue de una complejidad de ejecución descomunal desde el punto de vista técnico”, rememora Broto.

DSC02967En cuanto a la ondulación generada a lo largo de la fachada principal, el arquitecto egarense explica: “Cuando trabajábamos en el proyecto nos gustaba la idea de jugar con las perspectivas, y de ahí se nos ocurrió la idea de generar ondulaciones porque, desde un determinado ángulo parece que el edificio hace pendiente, cuando no es así”.

El resultado, un bello edificio que genera la ilusión de contemplar una piedra marcada por distintas grietas longitudinales, que se construyeron mediante el uso de grandes losas de piedra que sirven de parapeto del balcón superior y parasol del edificio inferior. Una fachada que contrasta y se complementa con la interior,  “mucho más transparente, más amable y habitable”,  diseñada con unos paneles corredizos que aportan un constante movimiento y mutabilidad a la propuesta.

Urbanismo textil

La arquitectura industrial -y no me estoy refiriendo a las joyas que el modernismo legó a la ciudad- marcó durante muchos años la fisionomía de Terrassa. Pequeños y medianos talleres dedicados al hilado de lanas se hallaban en pleno centro urbano conviviendo con las viviendas de los habitantes de esta ciudad. Si en los trazados tradicionales de muchas ciudades los hogares se disponían en calles radiales que confluían en la plaza de la iglesia, aquí fueron las fábricas los ejes vertebradores de los barrios obreros. Las iglesias del textil profesaban el culto a la tecnología y a los postulados de la revolución industrial, a remolque de lo que sucedía en Gran Bretaña, pero a la vanguardia de lo que ocurría en España.

Uno de los recuerdos de mi infancia está muy asociado al sonoro tac-tac de las máquinas de hilado y al olor de los productos químicos utilizados en el tinte que exhalaban esos talleres de ladrillo rojizo y grandes cristaleras cuarteadas. Mi generación y las precedentes crecimos con esa sensación en el ADN. Ser terrassense implicaba en muchos casos criarse entre telas. Ya desde el siglo XIX Terrassa es conocida como importante centro industrial del sector textil. El propio Mariano José de Larra alude a los “paños de Tarrasa” en su artículo sobre las corridas de toros. Pero la riqueza derivada de esa industria no siempre acarreó belleza, al transformar la ciudad en una gran colonia fabril, pues el urbanismo de la época no había ideado aún el concepto del polígono industrial.

La ciudad fue ejemplo en una universidad japonesa de mala urbanización, precisamente por ir creciendo desordenadamente alrededor de esas fábricas que fueron la razón de su progreso. Pero el tiempo se ha encargado de poner las cosas en su sitio. La ciudad ha puesto en valor los edificios valiosos de esa época y ha desterrado al extrarradio la industria textil, lo que ha dado pie a que muchas de esas fábricas puedan reconvertirse en edificios de viviendas y oficinas. Muchas incluso han dado lugar a espacios de uso público.

Su primaria estructura sigue cautivando a los nostálgicos y, donde antaño había fealdad, hoy hay belleza. Muchas siguen aún desocupadas, generando ese aspecto de nave fantasma en medio de la urbe, mientras las más afortunadas se han integrado en el paisaje urbano volviendo a ser útiles y humanizándose.

Aquí os dejo una pequeña muestra de esos antiguos telares, hiladurías y tintorerías; podréis encontrarlas en la calle Sant Gaietà.