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Casa Badia, en el centro de la Plaça Vella

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El Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Catalunya incluye entre muchos otros edificios terrassenses a la Casa Badia, también conocida como Casa Josefa Beltran. Se trata de un modesto edificio ubicado en el centro de la fachada norte de la Plaça Vella que, pese a no estar protegido como Bien Cultural de Interés Local, si cuenta con elementos merecedores de figurar entre el patrimonio registrado. Un tanto eclipsado por la rotundidad de los edificios con los que comparte medianeras –Café Colón y Casa Francesca Sendra– , destaca por el tono tierra de su estrecha fachada. Seguir leyendo Casa Badia, en el centro de la Plaça Vella

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Sant Jordi merece un acceso mejor

Vista de la plaza desde el Parc de Sant Jordi
Vista de la plaza desde el Parc de Sant Jordi

Muchas son las asignaturas pendientes en el urbanismo de Terrassa para dotarla de la imagen que merece en su dimensión de capital de comarca y de gran ciudad pues en muchos aspectos su imagen de urbe no termina de despegar. La que hoy os planteo tiene además mucho que ver con el rol de Terrassa como destino turístico, y concretamente con la necesidad de realzar uno de sus principales monumentos, emblema de la ciudad y punto de interés para muchos visitantes: la Masía Freixa. Seguir leyendo Sant Jordi merece un acceso mejor

Castillo Cartuja de Vallapardís, residencia de los señores de Terrassa

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Vista general del castillo y el foso

Como muchas otras ciudades, Terrasa perdió un importante capital en materia de arquitectura histórica con el derribo de las murallas de la ciudad y del castillo palacio. A menudo los intereses urbanísticos y económicos han hecho un flaco favor a las señas de identidad y a la riqueza arquitectónica de las ciudades, y sus habitantes nos maravillamos al visitar villas que han sabido preservar su historia y su belleza, olvidando que nuestra ciudad también tuvo su esplendor.

Así como las joyas arquitectónicas de la industrialización perviven para nuestro disfrute -y enriquecimiento turístico- no ocurrió de igual forma con los monumentos del medievo. Siendo una ciudad amurallada y dotada de palacio fortificado, Terrassa cedió al chantaje del crecimiento y a intereses económicos, no sabiendo proteger un legado histórico del que apenas quedan dos recuerdos: La Torre del Palau y el Castillo de Vallapardís.

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Antiguo patio de armas trasformado en claustro

Afortunadamente para los amantes de la historia y sus antiguos edificios, Vallparadís se mantuvo más o menos en pie y fue reconstruido para entender mejor la importancia que la villa de Terrassa tuvo en la Edad Media. La edificación de este pequeño castillo se remonta al siglo XII y se debió a la familia Sanlà. Según consta en los documentos de la época que se conservan aún, Berenguer Sanlà y su esposa Ermessenda adquirieron al conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, los terrenos donde se alza el castillo con la intención de construir allí su hogar. Del edificio original al que nos ha llegado a nuestros días posiblemente han permanecido pocos elementos. Se cree que los señores de Sanlà mandaron construir una residencia señorial fortificada parcialmente rodeada del foso que actualmente aún se conserva y con un perímetro parecido al actual; un castillo amurallado y dotado de torres de planta cuadrada, con presencia de saeteras en sus muros y con una torre cuadrada de la cual se conserva el muro norte, en el interior, que debía de servir como residencia del señor y su familia.

BeFunky_DSC03821.jpgEn la misma época, al otro lado del torrente de Vallparadís, sobre el que se erige este monumento, crecía en torno a otro castillo palacio la villa de Terrassa que, al parecer, iba adquiriendo preeminencia frente al otro núcleo de población cercano, el de Sant Pere (en torno a la iglesias románicas de la Seu d’Ègara). Tal vez por ello, los hijos de Berenguer Sanlà abandonaron el apellido paterno y adoptaron el de Terrassa. Lo señores de Terrassa gobernaron el Castillo de Vallapardís hasta el año 1345 cuando Blanca de Centelles, hija de Bernat de Centelles y Saurina de Terrassa, cedió sus dominios a la orden religiosa de los cartujos, y, como consecuencia, se instaló en el castillo un monasterio llamado Sant Jaume de Vallparadís. Fue entonces cuando se produjeron muchos de los cambios que actualmente podemos observar en la arquitectura de dicho edificio. Para su transformación en monasterio, hubo que construir una capilla en la gran sala de planta rectangular, actualmente llamada Tinellet, con arcos apuntados sobre ménsulas y sobre plano, y también con una ventana de estilo gótico en el extremo donde se supone que estaba el presbiterio. También se construyó una iglesia adosada a la cartuja, que fue demolida en el siglo XX. Pero tal vez la transformación más relevante fue la del antiguo patio de armas, que pasó a acoger el claustro. Situado en el centro del edificio, a su  alrededor se situaban las celdas de los monjes y otras dependencias de la cartuja. Tiene una galería inferior, poco uniforme de estilo y cerrada al sector este, y una superior que presenta un austero estilo gótico con arcos y capiteles geométricos sin decoración.

BeFunky_DSC03829.jpgLa comunidad cartuja permaneció en Vallaparadís hasta el siglo XV, cuando se trasladó a la cartuja de Montalegre (Tiana). A partir de ahí, el Castillo-Cartuja logró sobrevivir gracias al uso que sus propietarios posteriores le dieron, ya que a los cartujos sucedió la orden del Carme del Hospital de la Santa Creu de Barcelona (1413) y la familia Sentmenat (1432), que fue propietaria del Castillo hasta 1852, cuando vendió el mismo y parte de sus tierras a la familia Mauri. Posteriormente, con sus tierras dentro del término municipal y declarado monumento histórico en 1944, dicha familia de industriales decidió ceder el castillo a la ciudad. Por aquella época el castillo era una sombra de lo que actualmente es, pues hubo que reconstruir sus torres, que se conservaban en un pésimo estado, ya que el uso del edififico había quedado poco más que en el de una masía.

Hoy en día pueden apreciarse algunos elementos de gran interés de la arquitectura medieval defensiva, como son sus muros de piedra, el puente y foso o sus estrechas aspilleras, concebidas para disparar flechas ante un hipotético ataque enemigo.

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En su interior cabe reseñar las jambas, dinteles y arcos de piedra que conforman las puertas y ventanas, que permiten constatar la evolución arquitectónica del edifico, con vestigios del románico y del gótico. Hay que destacar también la sobriedad de los arcos apuntados que existen en la principal sala del castillo -que hallamos nada más, a nuestra derecha- y de los que sustentan los muros del patio anexo al claustro.

Hallamos igualmente el clásico asiento de piedra ubicado bajo un ventanal, propio de este tipo de construcciones, así como vestigios del antiguo suelo de losas de piedra.

Can Jofresa, el “Manhattan” egarense

Torres de Siglo XX vistas desde Vallparadís

Cuando uno piensa en el la palabra “skyline” inevitablemente la mente vuela hacia Nueva York y su espectacular horizonte de rascacielos vistos desde Staten Island; pero si uno busca, todas las ciudades tienen su propio -en ocasiones modesto- skyline marcado por los edificios más altos que delimitan una línea de referencia en el cielo. Campanarios, torres amuralladas, edificios de gran altura… son muchos los elementos que definen las atalayas de la ciudad, aunque muchas veces no puedan conformar lo que visualmente se conoce como un skyline. Sin embargo, Terrassa sí cuenta con el suyo propio, aunque no lo delimiten edificios de gran valor arquitectónico, ni mucho menos significativos por su belleza. CanJofresa
Durante muchos años para mí esa silueta recortada en el cielo la ha marcado en Terrassa el conjunto de mini-rascacielos de Can Jofresa, el “Manhattan terrassense“. Y es que su ubicación, al sur de la ciudad, en un pequeño promontorio generado por la Riera del Palau y anexo al principal acceso a la ciudad desde Barcelona, resalta su imponente presencia, incluso aún hoy en día.
Son edificios colmena humildes, pensados para acoger a esas familias de obreros que levantaron la ciudad con su esfuerzo. Carecen de valores arquitectónicos y ni siquiera son los primeros edificios de más de 10 plantas que se construyeron en Terrassa, pero su estratégica ubicación sigue resaltando su silueta y les confiere un papel protagonista de primera magnitud en el skyline egarense. Su historia se remonta a los años 70 del siglo XX, cuando se edificaron estos 12 gigantes, que dieron la réplica a los que se habían construido en la década precedente en el barrio de Sant Llorenç, al noroeste de la ciudad, entre la riera de Les Arenes y la carretera de Castellar del Vallès. Formaban parte de un conjunto de 24 bloques que albergan un total de 825 viviendas y que fueron construidos en los terrenos que antes ocupaba una masía del siglo XV, conocida como Can Jofresa de les Hortes.

Chimenea de la antigua Bòbila Almirall

Durante muchos años, el perfil de Can Jofresa y el edificio de Mutua de Terrassa han emergido por encima de los tejados de la ciudad, al igual que lo hicieran las chimeneas de las fábricas, una de las cuales, la de la bòbila Almirall, ostenta el récord de ser la más alta del mundo dotada de escalera de caracol, con 56 metros de altura. La Torre del Palau, engullida por la vorágine urbanística, exhibe tímidamente sus 27 metros de altura, al igual que el campanario de la catedral, visible desde algunos puntos de la ciudad.

Llegados los 90 esa línea del horizonte se completó con las torres del Siglo XX, los dos edificios gemelos alzados en el barrio del mismo nombre y que han aportado a un skyline marcado por los tonos rojizos de las chimeneas y de Can Jofresa y por el blanco de la Mutua el nuevo color verdoso característico de estos modernos edificios.

Torre del Palau, vestigio medieval

DSC02681 Según parece, durante la Edad Media Terrassa contaba con un castillo palaciego que, junto con los vestigios de arquitectura romana y visigótica hallados en la Seu d’Ègara, evidencian el antiguo origen de la ciudad. Existen documentos que datan la existencia de dicho castillo en el año 1016 y se sabe que Pere de Fizes y Guillem de Muntanyans fueron dos de los señores feudales que gobernaron dicho castillo.
Sin embargo, lamentablemente de todo ese esplendor pasado sólo ha sobrevivido lo que se sospecha que fue la torre del homenaje, conocida como Torre del Palau. El desapego que muchos políticos y urbanistas demostraron hacia nuestro patrimonio, haciendo desaparecer, por ejemplo, edificios emblemáticos y murallas de valor histórico en favor del crecimiento de muchas de nuestras ciudades, dejó también sin protección elementos relevantes de titularidad privada. Algo así ocurrió con el desaparecido castillo-palacio de Terrassa, cuyo último propietario decidió derribar lo que quedaba de él en 1891.
Afortunadamente, la torre permaneció intacta, aunque escondida en el jardín de uno de los inmuebles. Durante muchos años, los terrasenses sólo contemplamos la torre asomando entre los tejados de las casas que dan a la plaza Vella.

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