Archivo de la categoría: Historia

Parc de desinfecció

El Parc de desinfecció (parque de desinfección) es un edificio público de curiosa historia y no menos curiosa arquitectura. Concebido por el arquitecto Josep Maria Coll i Bacardí, a simple vista, recuerda una especie de capilla circular, aunque sus funciones nada tienen que ver con lo religioso. Cuenta con una planta en forma de abanico y sus principales señas de identidad son los arcos apuntados que presiden la parte superior de su fachada y sus originales ventanas en forma ovalada, que permitían dotar al edificio de una gran iluminación junto con un techo dotado de buhardillas, que hacen el efecto de un gran lucernario. Seguir leyendo Parc de desinfecció

Terrasa, ciudad amurallada

DSC00740Algunos historiadores locales afirman que el nombre de Terrassa procede de la desaparecida villa medieval Castrum Terracia, desde la que el rey de turno, a través del noble local, ejercía su vasallazgo en el territorio vallesano. Se ha documentado también la existencia de una muralla que daba cobijo a los habitantes de dicho castrum, cuyo término incluía también numerosas masías extramuros. La villa medieval de Terrassa se limitaba tan solo al  espacio circundado por el actual Raval de Montserrat, las calles Unió y Forn, la calle del Vall, la de la Església y la calle Gavatxons.  La actual  Plaça Vella, era el foro de la villa y se ubicada en el extremo oriental del recinto amurallado. En ella se ubicaban, entre otros edificios, la iglesia y el Castillo-Palacio que dio nombre a la ciudad. Seguir leyendo Terrasa, ciudad amurallada

Iglesia de San Pedro

DSC02482La iglesia de San Pedro es la más grande de las tres que conforman el conjunto monumental de la Seu d’Ègara. La encontramos a nuestra izquierda nada más entramos al recinto histórico. Su arquitectura románica es muy austera y define un templo construido en una única nave alargada que finaliza en un ábside con tres lóbulos y un transepto que corresponden a la época prerrománica (siglos IX y X. La nave es del siglo XII). La puerta que da acceso a la iglesia se sitúa en uno de los muros laterales de la nave, es de una gran sencillez y aparece enmarcada por cuatro arquivoltas lisas. Por encima de ésta, la fachada dispone una cornisa con un friso escultural sostenido por ménsulas en forma de cabezas humanas. Otro elemento que hallamos en la alargada fachada son dos grandes ventanales situados a ambos lados de la puerta, a través de los que se ilumina el interior del templo. Éstos y las tres ventanas del ábside son los únicos puntos de luz natural con que cuenta la gran nave, cubierta por una bóveda de cañón. Seguir leyendo Iglesia de San Pedro

Pont de Sant Pere, el nexo entre las “dos Terrasses”

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Imagen de 1900 / Ragon-AMAT

El origen de la ciudad de Terrassa está, por un lado, en la villa medieval que creció junto al Castillo-Palacio del mismo nombre y, por otro, en el poblado íbero de Egosa,  que dio origen al obispado y villa de Ègara, cuyo legado es el conjunto monumental de las iglesias visigótico-románicas de Sant Pere o Seu d’Ègara.  Ambos núcleos de población estaban separados por lo que hoy es el Parque de Vallparadís, un torrente de gran profundidad que aislaba al pueblo de Sant Pere de los antiguos caminos reales por donde transcurrían comercio y viajeros. Seguir leyendo Pont de Sant Pere, el nexo entre las “dos Terrasses”

La Creu Gran, marca de fe y territorio

DSC03755La reconquista de la península por los cristianos conllevó también la necesidad de dejar su impronta para “marcar” territorios como ganados para la fe católica. Y de ahí, que junto a la masiva construcción de templos y otras edificaciones religiosas, muchos caminos de acceso a villas y ciudades se señalaran con cruces de término.

En el Reino de Aragón, al que se vinculaba Catalunya, era costumbre erigir ese tipo de cruces como conmemoración de fechas o acontecimientos, o simplemente a modo de testimonio de piedad cristiana. Tenían un uso territorial pues solían marcar el límite de un municipio, pero también de fomento de la religión católica, especialmente dirigido a los viajeros que circulaban por los caminos de los distintos reinos y feudos. En un principio, esos crucifijos eran  sencillos monumentos, pero con el tiempo acabaron siendo elaboradas por maestros canteros que las transformaron en auténticas obras de arte gótico y renacentista.

La Creu Gran de Terrassa correspondería a este tipo de monumentos y se supone que marcaba el límite entre la villa medieval de Terrassa y el antiguo pueblo de Sant Pere, lugar del primer asentamiento humano -la ciudad ibera de Egosa y posterior Ègara romana– que dio origen a la ciudad.

En la actualidad en el emplazamiento se halla una réplica de dicha cruz, pues ésta fue destrozada en 1936. No obstante en el Museo de Terrassa (Castillo Cartuja de Vallparadís) se pueden contemplar los fragmentos originales, que fueron recogidos por los vecinos, permitiendo su restauración.

La Creu Gran (Cruz Grande) original es un ejemplo del gótico tardío y representa en uno de sus lados la figura del Cristo crucificado y en el otro la del Dios entronizado. Asimismo, a un lado del crucero aparece la figura de la Virgen y San Juan, y al otro, los símbolos de los evangelistas, mientras que en el nudo aparecen varios personajes entre los que destaca el arcángel San Miguel matando al dragón.

La cruz actual se erige sobre una fuente de cuatro caños metálicos que imitan medusas y que fue inaugurada en 1844 como abrevadero.

Castillo Cartuja de Vallapardís, residencia de los señores de Terrassa

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Vista general del castillo y el foso

Como muchas otras ciudades, Terrasa perdió un importante capital en materia de arquitectura histórica con el derribo de las murallas de la ciudad y del castillo palacio. A menudo los intereses urbanísticos y económicos han hecho un flaco favor a las señas de identidad y a la riqueza arquitectónica de las ciudades, y sus habitantes nos maravillamos al visitar villas que han sabido preservar su historia y su belleza, olvidando que nuestra ciudad también tuvo su esplendor.

Así como las joyas arquitectónicas de la industrialización perviven para nuestro disfrute -y enriquecimiento turístico- no ocurrió de igual forma con los monumentos del medievo. Siendo una ciudad amurallada y dotada de palacio fortificado, Terrassa cedió al chantaje del crecimiento y a intereses económicos, no sabiendo proteger un legado histórico del que apenas quedan dos recuerdos: La Torre del Palau y el Castillo de Vallapardís.

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Antiguo patio de armas trasformado en claustro

Afortunadamente para los amantes de la historia y sus antiguos edificios, Vallparadís se mantuvo más o menos en pie y fue reconstruido para entender mejor la importancia que la villa de Terrassa tuvo en la Edad Media. La edificación de este pequeño castillo se remonta al siglo XII y se debió a la familia Sanlà. Según consta en los documentos de la época que se conservan aún, Berenguer Sanlà y su esposa Ermessenda adquirieron al conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, los terrenos donde se alza el castillo con la intención de construir allí su hogar. Del edificio original al que nos ha llegado a nuestros días posiblemente han permanecido pocos elementos. Se cree que los señores de Sanlà mandaron construir una residencia señorial fortificada parcialmente rodeada del foso que actualmente aún se conserva y con un perímetro parecido al actual; un castillo amurallado y dotado de torres de planta cuadrada, con presencia de saeteras en sus muros y con una torre cuadrada de la cual se conserva el muro norte, en el interior, que debía de servir como residencia del señor y su familia.

BeFunky_DSC03821.jpgEn la misma época, al otro lado del torrente de Vallparadís, sobre el que se erige este monumento, crecía en torno a otro castillo palacio la villa de Terrassa que, al parecer, iba adquiriendo preeminencia frente al otro núcleo de población cercano, el de Sant Pere (en torno a la iglesias románicas de la Seu d’Ègara). Tal vez por ello, los hijos de Berenguer Sanlà abandonaron el apellido paterno y adoptaron el de Terrassa. Lo señores de Terrassa gobernaron el Castillo de Vallapardís hasta el año 1345 cuando Blanca de Centelles, hija de Bernat de Centelles y Saurina de Terrassa, cedió sus dominios a la orden religiosa de los cartujos, y, como consecuencia, se instaló en el castillo un monasterio llamado Sant Jaume de Vallparadís. Fue entonces cuando se produjeron muchos de los cambios que actualmente podemos observar en la arquitectura de dicho edificio. Para su transformación en monasterio, hubo que construir una capilla en la gran sala de planta rectangular, actualmente llamada Tinellet, con arcos apuntados sobre ménsulas y sobre plano, y también con una ventana de estilo gótico en el extremo donde se supone que estaba el presbiterio. También se construyó una iglesia adosada a la cartuja, que fue demolida en el siglo XX. Pero tal vez la transformación más relevante fue la del antiguo patio de armas, que pasó a acoger el claustro. Situado en el centro del edificio, a su  alrededor se situaban las celdas de los monjes y otras dependencias de la cartuja. Tiene una galería inferior, poco uniforme de estilo y cerrada al sector este, y una superior que presenta un austero estilo gótico con arcos y capiteles geométricos sin decoración.

BeFunky_DSC03829.jpgLa comunidad cartuja permaneció en Vallaparadís hasta el siglo XV, cuando se trasladó a la cartuja de Montalegre (Tiana). A partir de ahí, el Castillo-Cartuja logró sobrevivir gracias al uso que sus propietarios posteriores le dieron, ya que a los cartujos sucedió la orden del Carme del Hospital de la Santa Creu de Barcelona (1413) y la familia Sentmenat (1432), que fue propietaria del Castillo hasta 1852, cuando vendió el mismo y parte de sus tierras a la familia Mauri. Posteriormente, con sus tierras dentro del término municipal y declarado monumento histórico en 1944, dicha familia de industriales decidió ceder el castillo a la ciudad. Por aquella época el castillo era una sombra de lo que actualmente es, pues hubo que reconstruir sus torres, que se conservaban en un pésimo estado, ya que el uso del edififico había quedado poco más que en el de una masía.

Hoy en día pueden apreciarse algunos elementos de gran interés de la arquitectura medieval defensiva, como son sus muros de piedra, el puente y foso o sus estrechas aspilleras, concebidas para disparar flechas ante un hipotético ataque enemigo.

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En su interior cabe reseñar las jambas, dinteles y arcos de piedra que conforman las puertas y ventanas, que permiten constatar la evolución arquitectónica del edifico, con vestigios del románico y del gótico. Hay que destacar también la sobriedad de los arcos apuntados que existen en la principal sala del castillo -que hallamos nada más, a nuestra derecha- y de los que sustentan los muros del patio anexo al claustro.

Hallamos igualmente el clásico asiento de piedra ubicado bajo un ventanal, propio de este tipo de construcciones, así como vestigios del antiguo suelo de losas de piedra.

Iglesia de Sant Miquel, ¿baptisterio o mausoleo?

Dentro del conjunto religioso que conforman las iglesias de Sant Pere o Seu d’Ègara figura un templo de gran belleza y simplicidad conocido como iglesia de Sant Miquel. Desde siempre, se dio por sentando entre los terrassenses que se trataba de un baptisterio y no fueron pocas las personas que fuimos bautizadas en él. Sin embargo, recientes excavaciones arqueológicas ejecutadas en dicho conjunto pusieron de relieve la existencia de un baptisterio de base octogonal vinculado a lo que debió ser la primera catedral de la ciudad, y empieza a considerarse ahora como un mausoleo. Seguir leyendo Iglesia de Sant Miquel, ¿baptisterio o mausoleo?