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La hormiga que regresó al futuro

Back to the future y la hormigDSC02691a atómica. Dos referentes dispares para decorar un mismo espacio urbano.

En mi particular repaso al street art y a los rincones que esta manifestación artística decora a lo largo y ancho de la ciudad, hoy voy a reparar en el aparcamiento del mercado de Can Boada, y concretamente en el muro de contención situado en una cota baja con respecto a la ronda de Ponent. En él, junto a los habituales anagramas con los que los artistas callejeros firman las paredes, aparecen dos referencias culturales bien distintas que invitan a la reflexión sobre la vivencias de dos generaciones diferentes. De un lado, la que vivió las carencias de una España gris marcada por el tardo-franquismo. Y de otro, la que participó de la explosión cultural de los ochenta al albur de un gobierno de izquierdas promotor de libertades renovadas.                   

Uno de los graffiti aludidos decora el muro de la escalera que salvDSC02694a el desnivel existente entre el aparcamiento y la ronda y podríamos decir que constituye un homenaje implícito a la película Regreso al Futuro (Back to the future), un icono de los años ochenta que dio lugar a una exitosa trilogía que aún cuenta con un sinfín de seguidores. A muy pocos cinéfilos se les escapa el nombre de Marty McFlyMichael J. Fox– o el del científico loco Emmett BrownChristopher Lloyd– , protagonistas absolutos de esta película de aventuras y ciencia ficción. Sin embargo, poco parece tener que ver el slogan o título -según se mire- elegido por el autor de este mural con la temática de las tres películas que Robert Zemeckis rodó en los ochenta, pues es un alienígena el personaje que adorna el título mencionado.

De otro lado, la hormiga DSC02698atómica, que nos retrotrae al pasado, concretamente al año 1965, cuando la famosa productora Hannah Barbera puso en antena esta serie de animación para televisión, que alcanzó un gran éxito mundial con su carismática protagonista, una hormiga dotada de una fuerza sobrehumana debido a su exposición a la radiación.
En los sesenta había que generar empatía hacia la energía nuclear tras al rechazo social con que contaba, debido a las devastadoras consecuencias del uso de los átomos para la guerra y el precedente de las terribles bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki. Y en los ochenta, el hastío del bienestar social nos hacía evocar tiempos más plácidos como los de los años 50 y jugar a cambiar el futuro para fantasear con un presente mejor. Toda una generación de hedonistas buscaba el disfrute y el ocio.

Dos propuestas, dos historias; dos circunstancias que comparten un mismo espacio por el que a diario transcurren numerosas personas que hacen sus compras en el mercado y que, posiblemente también a menudo, no reparen en ellas.

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