Contrastes

Es evidente que la evolución urbanística de una ciudad se nutre de los distintos substratos que componen su historia. Dichos elementos conviven en ocasiones armónicamente con el resto de edificaciones, y en otras  de forma menos afortunada. Algunos municipios han sabido sacar partido a sus peculiaridades, mientras que otros, más especuladores, simplemente han dado rienda suelta a los intereses particulares, perdiendo la oportunidad de controlar su propia imagen.

La ciudad de Terrassa no es un ejemplo de belleza urbanística -de hecho en el pasado fue todo lo contrario-, pero sí ha sabido tomar conciencia de su maltrecho patrimonio para potenciar elementos embellecedores; si bien resta mucha labor por hacer para constituirse en la ciudad que le corresponde ser por sus valores históricos y económicos.

A menudo valoramos aquellas ciudades que han sabido proteger su patrimonio histórico con estrictas normativas que prohíben demoler fachadas antiguas para elevar edificios modernos en pleno casco histórico. Terrassa perdió ese tren hace mucho tiempo y hoy en día los terrassenses no podemos presumir de una plaza mayor equiparable a la de otras ciudades de igual importancia histórica, pues muchos de sus edificios resultan totalmente anodinos y han roto la armonía de los más antiguos que aún se conservan. Es sólo un ejemplo, pero el casco antiguo de la ciudad sigue la misma pauta. La suerte es que la ciudad cuenta con muchos edificios históricos de interés arquitectónico que se han preservado y le proporcionan carácter propio. Otra cosa es el “acompañamiento” con que algunos cuentan. Muchos son los ejemplos de las aberraciones urbanísticas consentidas en la ciudad y, por citar alguno, ahí está el inclasificable contraste de la espantosa sede del Obispado de Terrassa con el edificio histórico de las Escuelas Pías y la Fundació Busquets.

En la misma zona, se puede contemplar también unas viviendas construidas a principios del siglo pasado en la parte baja de la Rambla, cuyas fachadas destacan ante el cristal oscuro de otro edificio, generando un drástico contraste que algunos calificarían de chirriante. Se trata de la cobertura -otros dirían “actualización”- de la fachada del edificio del antiguo Europrix, en pleno Portal de Sant Roc, lugar donde también conviven edificios con historia y edificios anodinos.

Contrastes, en definitiva, que a menudo inspiran al arte, pero que rompen la armonía del urbanismo.

Y para acabar, un ejemplo de buena combinatoria entre lo antiguo y lo moderno, logrado en el mirador que realza la Casa Baumann y el Castillo-Cartuja de Vallparadís, donde se instaló una gran pérgola que parece acariciar el castillo con sus sinuosas formas de aspecto dinámico.

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Casa Baumann, mansión vienesa

DSC03839Llama la atención el nombre de esta vivienda de corte modernista, también conocida como Casa Coll i Bacardí, en honor del arquitecto que la construyó a principios del siglo XX. Su nombre se debe al del industrial suizo Ernst Baumann, que se asentó en la ciudad para comerciar con lanas y adquirió el inmueble a la familia del difunto arquitecto, haciendo de este peculiar edificio su hogar hasta finales de los años 50. Seguir leyendo Casa Baumann, mansión vienesa

Biblioteca del Distrito 3

La ubicación deDSC03282 este edificio público acentúa su presencia y, sin duda, fue algo tenido en cuenta por el equipo de arquitectos a quienes se encargó el proyecto. Asentada en uno de los márgenes del Parque de Vallparadís, la Biblioteca del Distrito 3 de Terrassa se alza con gran elegancia, exhibiendo una sobria propuesta formal racionalista de gran belleza y actualidad. Es sin duda un diseño totalmente funcional con vocación de futuro, una propuesta arquitectónica en la que se tuvo en cuenta el factor artístico que perdurará como legado a la imagen de la ciudad. El equipo de arquitectos integrado por Joan Ravetllat, Carme Ribas, Manuel Ribas Piera, Carles Casamor, Marta Gabàs y Anna Ribas diseñó este edificio para el Ayuntamiento de la ciudad en 2008. El proyecto se incluyó dentro de la cuarta fase de urbanización del torrente de Vallparadís y la obra concluyó en agosto de 2011. Se trata de un equipamiento cultural que presta servicio a los barrios que componen el Distrito 3 de Terrassa (Can Parellada, Les Fonts, Can Jofresa, Guadalhorce, Can Palet, Can Palet II, Xúquer y Segle XX). Como tal, el edificio se concibió pensando en su uso como espacio de uso cívico y, posiblemente, deba su estructura final a dicha premisa. Me estoy refiriendo al mirador que sirve de antesala al acceso principal por la calle Germà Joaquim, que constituye una pequeña plaza ganada para el barrio y sus ciudadanos. Para adaptar mejor el edificio al terreno desnivelado del Parque de Vallparadís, el equipo de arquitectos responsable del proyecto optó por el diseño de un edificio de dos plantas, concebido visualmente como dos bloques. La primera planta se sitúa en la cota superior del arque, a nivel de calle, y por lo tanto eleva el volumen del edificio para ser visto desde la trama urbana. La plaza-mirador que antecede dicha planta es, en realidad, la cubierta de la planta inferior del edificio, más grande y que “cuelga” sobre Vallparadís. La planta baja, que presenta un mayor contacto con la calle, da cabida a una sala de actos, por un lado, y el área de biblioteca, hemeroteca, música e imagen. La planta inferior alberga al resto de instalaciones: la biblioteca infantil y la zona de trabajo interno. Ambas plantas están intercomunicadas a través de una amplia escalera que constituye uno de los elementos arquitectónicos con mayor presencia en el diseño interior. Si sitúa en un triple espacio iluminado por un lucernario. Dicho espacio y un patio interior descubierto permiten iluminar también el área infantil, que cuenta con 8poca fachada exterior. En cuanto a la blanca “piel” del edificio, se recurrió al uso de la obra vista mediante el uso de ladrillo, con el cual se crearon celosías que permeables al paso de la luz al interior, mientras que para la fachada orientada sobre el parque se recurrió al hormigón visto y elementos de brise-soleil.

El proyecto de Ravetllat Ribas Arquitectes fue obra seleccionada para la XII Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo 2013

(Las fotos del interior del edificio son obra de Adrià Goula)

Castillo Cartuja de Vallapardís, residencia de los señores de Terrassa

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Vista general del castillo y el foso

Como muchas otras ciudades, Terrasa perdió un importante capital en materia de arquitectura histórica con el derribo de las murallas de la ciudad y del castillo palacio. A menudo los intereses urbanísticos y económicos han hecho un flaco favor a las señas de identidad y a la riqueza arquitectónica de las ciudades, y sus habitantes nos maravillamos al visitar villas que han sabido preservar su historia y su belleza, olvidando que nuestra ciudad también tuvo su esplendor.

Así como las joyas arquitectónicas de la industrialización perviven para nuestro disfrute -y enriquecimiento turístico- no ocurrió de igual forma con los monumentos del medievo. Siendo una ciudad amurallada y dotada de palacio fortificado, Terrassa cedió al chantaje del crecimiento y a intereses económicos, no sabiendo proteger un legado histórico del que apenas quedan dos recuerdos: La Torre del Palau y el Castillo de Vallapardís.

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Antiguo patio de armas trasformado en claustro

Afortunadamente para los amantes de la historia y sus antiguos edificios, Vallparadís se mantuvo más o menos en pie y fue reconstruido para entender mejor la importancia que la villa de Terrassa tuvo en la Edad Media. La edificación de este pequeño castillo se remonta al siglo XII y se debió a la familia Sanlà. Según consta en los documentos de la época que se conservan aún, Berenguer Sanlà y su esposa Ermessenda adquirieron al conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, los terrenos donde se alza el castillo con la intención de construir allí su hogar. Del edificio original al que nos ha llegado a nuestros días posiblemente han permanecido pocos elementos. Se cree que los señores de Sanlà mandaron construir una residencia señorial fortificada parcialmente rodeada del foso que actualmente aún se conserva y con un perímetro parecido al actual; un castillo amurallado y dotado de torres de planta cuadrada, con presencia de saeteras en sus muros y con una torre cuadrada de la cual se conserva el muro norte, en el interior, que debía de servir como residencia del señor y su familia.

BeFunky_DSC03821.jpgEn la misma época, al otro lado del torrente de Vallparadís, sobre el que se erige este monumento, crecía en torno a otro castillo palacio la villa de Terrassa que, al parecer, iba adquiriendo preeminencia frente al otro núcleo de población cercano, el de Sant Pere (en torno a la iglesias románicas de la Seu d’Ègara). Tal vez por ello, los hijos de Berenguer Sanlà abandonaron el apellido paterno y adoptaron el de Terrassa. Lo señores de Terrassa gobernaron el Castillo de Vallapardís hasta el año 1345 cuando Blanca de Centelles, hija de Bernat de Centelles y Saurina de Terrassa, cedió sus dominios a la orden religiosa de los cartujos, y, como consecuencia, se instaló en el castillo un monasterio llamado Sant Jaume de Vallparadís. Fue entonces cuando se produjeron muchos de los cambios que actualmente podemos observar en la arquitectura de dicho edificio. Para su transformación en monasterio, hubo que construir una capilla en la gran sala de planta rectangular, actualmente llamada Tinellet, con arcos apuntados sobre ménsulas y sobre plano, y también con una ventana de estilo gótico en el extremo donde se supone que estaba el presbiterio. También se construyó una iglesia adosada a la cartuja, que fue demolida en el siglo XX. Pero tal vez la transformación más relevante fue la del antiguo patio de armas, que pasó a acoger el claustro. Situado en el centro del edificio, a su  alrededor se situaban las celdas de los monjes y otras dependencias de la cartuja. Tiene una galería inferior, poco uniforme de estilo y cerrada al sector este, y una superior que presenta un austero estilo gótico con arcos y capiteles geométricos sin decoración.

BeFunky_DSC03829.jpgLa comunidad cartuja permaneció en Vallaparadís hasta el siglo XV, cuando se trasladó a la cartuja de Montalegre (Tiana). A partir de ahí, el Castillo-Cartuja logró sobrevivir gracias al uso que sus propietarios posteriores le dieron, ya que a los cartujos sucedió la orden del Carme del Hospital de la Santa Creu de Barcelona (1413) y la familia Sentmenat (1432), que fue propietaria del Castillo hasta 1852, cuando vendió el mismo y parte de sus tierras a la familia Mauri. Posteriormente, con sus tierras dentro del término municipal y declarado monumento histórico en 1944, dicha familia de industriales decidió ceder el castillo a la ciudad. Por aquella época el castillo era una sombra de lo que actualmente es, pues hubo que reconstruir sus torres, que se conservaban en un pésimo estado, ya que el uso del edififico había quedado poco más que en el de una masía.

Hoy en día pueden apreciarse algunos elementos de gran interés de la arquitectura medieval defensiva, como son sus muros de piedra, el puente y foso o sus estrechas aspilleras, concebidas para disparar flechas ante un hipotético ataque enemigo.

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En su interior cabe reseñar las jambas, dinteles y arcos de piedra que conforman las puertas y ventanas, que permiten constatar la evolución arquitectónica del edifico, con vestigios del románico y del gótico. Hay que destacar también la sobriedad de los arcos apuntados que existen en la principal sala del castillo -que hallamos nada más, a nuestra derecha- y de los que sustentan los muros del patio anexo al claustro.

Hallamos igualmente el clásico asiento de piedra ubicado bajo un ventanal, propio de este tipo de construcciones, así como vestigios del antiguo suelo de losas de piedra.

Casa del Bunyolero

Ubicado en el número  54 del Portal de Sant Roc, la Casa del Bunyolero es uno de los edificios más peculiares del modernismo terrassense por su fachada totalmente cubierta por cerámica decoradaBien Cultural de Interés Local (BCIL), este inmueble residencial fue construido a principios del siglo XX, pero su aspecto actual se debe a una reforma ejecutada en 1916 por Josep Maria Coll i Bacardí. El arquitecto modernista recurrió a la mayólica (loza decorada con reflejos metálicos) para la ornamentación de la fachada del edificio, concebida enferma simétrica y marcada también por los grandes balcones que delimitan cada una de las cuatro plantas que componen el edificio. Los dibujos que ornamentan las baldosas de mayólica recurren a motivos florales y dan cohesión al conjunto llenando los lienzos de pared que separan las oberturas de los balcones mediante cenefas en tonos azulados sobre fondo blanco. Seguir leyendo Casa del Bunyolero

Vallparadís, el Central Park de Terrassa

DSC03674La transformación de los torrentes de Vallparadís, Monner y Les Ànimes en lo que hoy es el gran parque central de Terrassa ha supuesto, sin duda, el proyecto urbanístico de mayor relevancia tras el derribo de las antiguas murallas y la primera gran planificación de la ciudad. La ubicación de dichos torrentes en un nivel inferior al suelo urbano ha resultado clave para su supervivencia. Si dicha orografía fue antaño un puntal para la seguridad de los primeros asentamientos de población, significó posteriormente el gran problema de la ciudad para su cohesión territorial, al verse dividida por esta gran “falla” insalvable, que separaba el antiguo pueblo de Sant Pere de la Terrassa surgida en torno al palacio medieval hoy desaparecido. La construcción del puente del paseo permitió el crecimiento de la ciudad al salvar el gran torrente de Vallparadís, que seguía siendo un espacio salvaje en mitad de la ciudad. Seguir leyendo Vallparadís, el Central Park de Terrassa

Casa Joan Barata, piel esgrafiada

nom_fitxer_2589Antoni Barata Guitart, descendiente de una antigua familia acaudalada procedente de Manresa y dedicada, entre otras cosas a la hostelería, decidió establecer su residencia en la ciudad de Terrassa, mandando construir una casa señorial en la calle de Sant Pere. Fue en el año 1838, dieciséis años antes del nacimiento de su vástago, Joan Barata Quintana, quien fuera alcalde de Terrassa en dos ocasiones. Con el cambio de siglo, en el año 1905 la familia encargó al prolífico arquitecto Lluís Muncunill la remodelación de su casa, quien diseñó la apariencia que nos ha llegado hasta hoy, marcada por la corriente modernista tan en boga en esa época y que determinó la primera etapa creativa del arquitecto. Seguir leyendo Casa Joan Barata, piel esgrafiada

Arquitectura e interiorismo en Terrassa