Simplicidad sueca para resultados eficientes

DSC04495Una buena parte del presupuesto destinado a la apertura de un pequeño comercio se lo lleva el capítulo de decoración. El diseño interior de una tienda es un elemento muy importante para el éxito de la empresa, pues se trata de la imagen que mostraremos ante el cliente; el primer paso en una cadena de comunicación que ha de desembocar en la venta de bienes de consumo. Por ello, no es de extrañar que muchos empresarios dediquen un gran dispendio a este asunto, encargando su imagen corporativa  y su “puesta en escena” a interioristas solventes. Sin embargo, tal vez porque en tiempos de crisis agudizamos el ingenio, o por que muchos empresarios poseen también mentes inquietas y creativas, el caso es que cada vez se dan más ejemplos de establecimientos que han sido decorados por sus propietarios, principalmente mediante la reutilización de mobiliario vintage o con elementos de reciclaje, entre otras muchas propuestas. Seguir leyendo Simplicidad sueca para resultados eficientes

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Lluís Muncunill, artífice de la Terrassa modernista

02-Lluis MuncunillTodas las ciudades cuentan con un arquitecto o urbanista “de cabecera” que marca o ha marcado su personalidad mediante la planificación de diversos edificios o de planes urbanísticos. En el caso de Terrassa ese arquitecto fue Lluís Muncunill, artífice de la gran transformación que sufrió la ciudad como consecuencia de la industrialización. Arquitecto municipal entre 1892 y 1903, una de sus principales virtudes fue dotar a la ciudad de la imagen modernista que hoy en día es su señal de identidad frente al turismo. De alguna manera, Muncunill fue a Terrassa lo que Gaudí a Barcelona. Realizó planes urbanísticos, puentes, edificios públicos y religiosos, fábricas, almacenes y todo tipo de viviendas. Además de las construcciones nuevas, también hizo reformas importantes y pequeñas intervenciones que han pasado a la posteridad. Fue también arquitecto municipal de Rubí (1892-1925) y de Manresa (1924-1925). Seguir leyendo Lluís Muncunill, artífice de la Terrassa modernista

Vapor Ventalló, de fábrica a plaza pública

El Vapor Ventalló era un antiguo edificio industrial de al menos tres cuadras, que se ubicaba en la confluencia de las calles de La Rasa y Sant Llorenç. Como tantas fábricas textiles de su época era un importante centro de trabajo que empleaba a cientos de operarios. Abrió sus puertas en el año 1897 y, al menos una parte del complejo fabril, se atribuye al arquitecto Lluís Muncunill. Hasta el año 1997 se conservaban tres de sus cuadras, aunque la intervención urbanística que se llevó a cabo en la zona sólo dejó una de ellas. Y es precisamente la citada intervención, más que la fábrica en sí misma, la que capta ahora mi interés como una de las curiosidades arquitectónicas que ofrece la ciudad. Seguir leyendo Vapor Ventalló, de fábrica a plaza pública

Almacenes Torras, el sueño de un sastre

DSC02601Los Almacenes Torras nacieron vinculados al floreciente comercio terrassense y en la actualidad el edificio que los albergaba sigue fiel a este sector, aunque orientado a la hostelería. Este edificio modernista fue construido en 1914 por el arquitecto municipal Melcior Vinyals en un solar resultante del derribo de tres casas del final de la calle de Sant Pere. Fue encargado por un sastre de Olesa de Montserrat llamado Pere Torras i Obiols, quien puso en marcha el único almacén textil de la ciudad dedicado a la venta al detall (lo habitual era que todos los almacenes se dedicaran a los mayoristas). Es por ello que durante años también fue conocido como Cal Sastre d’Olesa.

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La Creu Gran, marca de fe y territorio

DSC03755La reconquista de la península por los cristianos conllevó también la necesidad de dejar su impronta para “marcar” territorios como ganados para la fe católica. Y de ahí, que junto a la masiva construcción de templos y otras edificaciones religiosas, muchos caminos de acceso a villas y ciudades se señalaran con cruces de término.

En el Reino de Aragón, al que se vinculaba Catalunya, era costumbre erigir ese tipo de cruces como conmemoración de fechas o acontecimientos, o simplemente a modo de testimonio de piedad cristiana. Tenían un uso territorial pues solían marcar el límite de un municipio, pero también de fomento de la religión católica, especialmente dirigido a los viajeros que circulaban por los caminos de los distintos reinos y feudos. En un principio, esos crucifijos eran  sencillos monumentos, pero con el tiempo acabaron siendo elaboradas por maestros canteros que las transformaron en auténticas obras de arte gótico y renacentista.

La Creu Gran de Terrassa correspondería a este tipo de monumentos y se supone que marcaba el límite entre la villa medieval de Terrassa y el antiguo pueblo de Sant Pere, lugar del primer asentamiento humano -la ciudad ibera de Egosa y posterior Ègara romana– que dio origen a la ciudad.

En la actualidad en el emplazamiento se halla una réplica de dicha cruz, pues ésta fue destrozada en 1936. No obstante en el Museo de Terrassa (Castillo Cartuja de Vallparadís) se pueden contemplar los fragmentos originales, que fueron recogidos por los vecinos, permitiendo su restauración.

La Creu Gran (Cruz Grande) original es un ejemplo del gótico tardío y representa en uno de sus lados la figura del Cristo crucificado y en el otro la del Dios entronizado. Asimismo, a un lado del crucero aparece la figura de la Virgen y San Juan, y al otro, los símbolos de los evangelistas, mientras que en el nudo aparecen varios personajes entre los que destaca el arcángel San Miguel matando al dragón.

La cruz actual se erige sobre una fuente de cuatro caños metálicos que imitan medusas y que fue inaugurada en 1844 como abrevadero.

Contrastes

Es evidente que la evolución urbanística de una ciudad se nutre de los distintos substratos que componen su historia. Dichos elementos conviven en ocasiones armónicamente con el resto de edificaciones, y en otras  de forma menos afortunada. Algunos municipios han sabido sacar partido a sus peculiaridades, mientras que otros, más especuladores, simplemente han dado rienda suelta a los intereses particulares, perdiendo la oportunidad de controlar su propia imagen.

La ciudad de Terrassa no es un ejemplo de belleza urbanística -de hecho en el pasado fue todo lo contrario-, pero sí ha sabido tomar conciencia de su maltrecho patrimonio para potenciar elementos embellecedores; si bien resta mucha labor por hacer para constituirse en la ciudad que le corresponde ser por sus valores históricos y económicos.

A menudo valoramos aquellas ciudades que han sabido proteger su patrimonio histórico con estrictas normativas que prohíben demoler fachadas antiguas para elevar edificios modernos en pleno casco histórico. Terrassa perdió ese tren hace mucho tiempo y hoy en día los terrassenses no podemos presumir de una plaza mayor equiparable a la de otras ciudades de igual importancia histórica, pues muchos de sus edificios resultan totalmente anodinos y han roto la armonía de los más antiguos que aún se conservan. Es sólo un ejemplo, pero el casco antiguo de la ciudad sigue la misma pauta. La suerte es que la ciudad cuenta con muchos edificios históricos de interés arquitectónico que se han preservado y le proporcionan carácter propio. Otra cosa es el “acompañamiento” con que algunos cuentan. Muchos son los ejemplos de las aberraciones urbanísticas consentidas en la ciudad y, por citar alguno, ahí está el inclasificable contraste de la espantosa sede del Obispado de Terrassa con el edificio histórico de las Escuelas Pías y la Fundació Busquets.

En la misma zona, se puede contemplar también unas viviendas construidas a principios del siglo pasado en la parte baja de la Rambla, cuyas fachadas destacan ante el cristal oscuro de otro edificio, generando un drástico contraste que algunos calificarían de chirriante. Se trata de la cobertura -otros dirían “actualización”- de la fachada del edificio del antiguo Europrix, en pleno Portal de Sant Roc, lugar donde también conviven edificios con historia y edificios anodinos.

Contrastes, en definitiva, que a menudo inspiran al arte, pero que rompen la armonía del urbanismo.

Y para acabar, un ejemplo de buena combinatoria entre lo antiguo y lo moderno, logrado en el mirador que realza la Casa Baumann y el Castillo-Cartuja de Vallparadís, donde se instaló una gran pérgola que parece acariciar el castillo con sus sinuosas formas de aspecto dinámico.

Casa Baumann, mansión vienesa

DSC03839Llama la atención el nombre de esta vivienda de corte modernista, también conocida como Casa Coll i Bacardí, en honor del arquitecto que la construyó a principios del siglo XX. Su nombre se debe al del industrial suizo Ernst Baumann, que se asentó en la ciudad para comerciar con lanas y adquirió el inmueble a la familia del difunto arquitecto, haciendo de este peculiar edificio su hogar hasta finales de los años 50. Seguir leyendo Casa Baumann, mansión vienesa

Arquitectura e interiorismo en Terrassa