Dinosuario automovilístico

Al inicio de la moda de lo vehículos que mutaban en robots gigantes, los transformers, el artista terrassense Roc Alabern concibió una escultura de grandes dimensiones que simulaba un dinosaurio, cuyo cuerpo se materializaba a través del ensamblaje de carrocerías de varios vehículos. Una pieza curiosa y única surgida a través del reciclaje de materiales de desguace.
DSC03599La estructura cuenta con una altura de 8 metros y la figura del reptil gigante se alarga hasta 5 metros en su base. Para la elaboración del saurio, Roc Alabern se valió de las carrocerías de hasta seis vehículos, entre los que se pueden distinguir un Citroën 2CV, los modelos 850, 127, 131 i 133 de Seat y un Ford Fiesta.
La singular obra del desaparecido artista fue presentada en sociedad con el título de ‘Environament’ el 1986, en su primer emplazamiento de la plaza Clavé, con motivo de una serie de decoraciones artísticas ideadas para la fiesta mayor de ese año. Tras un breve tiempo en ese emplazamiento, el coloso de hierro fue adquirido por un empresario de Viladecavalls para decorar su fábrica, por lo que durante muchos años los terrassenses fuimos privados de disfrutar de su colorido y fuerza.
DSC03607Al cierre de dicho negocio, el Ayuntamiento de Terrassa, a iniciativa de la galerista Carme Casamada, logró la cesión de la escultura a la ciudad, instalándose en 2007 en el emplazamiento actual, en el nudo viario de la carretera N-150 frente al barri de Vilardell (rotonda de la carretera de Montcada que da acceso al cementerio).
En cuanto a su nombre, el inicial dado por el artista quedó en desuso frente a la “voz popular”, que se obstinó en denominarlo por su apariencia: Dinosaurio.

 

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Can Jofresa, el “Manhattan” egarense

Torres de Siglo XX vistas desde Vallparadís

Cuando uno piensa en el la palabra “skyline” inevitablemente la mente vuela hacia Nueva York y su espectacular horizonte de rascacielos vistos desde Staten Island; pero si uno busca, todas las ciudades tienen su propio -en ocasiones modesto- skyline marcado por los edificios más altos que delimitan una línea de referencia en el cielo. Campanarios, torres amuralladas, edificios de gran altura… son muchos los elementos que definen las atalayas de la ciudad, aunque muchas veces no puedan conformar lo que visualmente se conoce como un skyline. Sin embargo, Terrassa sí cuenta con el suyo propio, aunque no lo delimiten edificios de gran valor arquitectónico, ni mucho menos significativos por su belleza. CanJofresa
Durante muchos años para mí esa silueta recortada en el cielo la ha marcado en Terrassa el conjunto de mini-rascacielos de Can Jofresa, el “Manhattan terrassense“. Y es que su ubicación, al sur de la ciudad, en un pequeño promontorio generado por la Riera del Palau y anexo al principal acceso a la ciudad desde Barcelona, resalta su imponente presencia, incluso aún hoy en día.
Son edificios colmena humildes, pensados para acoger a esas familias de obreros que levantaron la ciudad con su esfuerzo. Carecen de valores arquitectónicos y ni siquiera son los primeros edificios de más de 10 plantas que se construyeron en Terrassa, pero su estratégica ubicación sigue resaltando su silueta y les confiere un papel protagonista de primera magnitud en el skyline egarense. Su historia se remonta a los años 70 del siglo XX, cuando se edificaron estos 12 gigantes, que dieron la réplica a los que se habían construido en la década precedente en el barrio de Sant Llorenç, al noroeste de la ciudad, entre la riera de Les Arenes y la carretera de Castellar del Vallès. Formaban parte de un conjunto de 24 bloques que albergan un total de 825 viviendas y que fueron construidos en los terrenos que antes ocupaba una masía del siglo XV, conocida como Can Jofresa de les Hortes.

Chimenea de la antigua Bòbila Almirall

Durante muchos años, el perfil de Can Jofresa y el edificio de Mutua de Terrassa han emergido por encima de los tejados de la ciudad, al igual que lo hicieran las chimeneas de las fábricas, una de las cuales, la de la bòbila Almirall, ostenta el récord de ser la más alta del mundo dotada de escalera de caracol, con 56 metros de altura. La Torre del Palau, engullida por la vorágine urbanística, exhibe tímidamente sus 27 metros de altura, al igual que el campanario de la catedral, visible desde algunos puntos de la ciudad.

Llegados los 90 esa línea del horizonte se completó con las torres del Siglo XX, los dos edificios gemelos alzados en el barrio del mismo nombre y que han aportado a un skyline marcado por los tonos rojizos de las chimeneas y de Can Jofresa y por el blanco de la Mutua el nuevo color verdoso característico de estos modernos edificios.

El Taller dels Silencis, vocación bohemia

Hay dos formas a la hora de decorar un local: contratar los servicios de un interiorista profesional o hacértelo tú mismo. Generalmente, es conveniente recurrir a los expertos para lograr un trabajo de calidad, aunque a menudo ello puede resultar impersonal y totalmente ajeno a las cualidades que quien regenta el establecimiento desea imprimirle al proyecto. Por otra parte, el hágaselo usted mismo conlleva también graves riesgos cuando el autor de la decoración no sólo es neófito, sino que además carece de buen gusto. Seguir leyendo El Taller dels Silencis, vocación bohemia

Fábrica y almacén Marcet i Poal

La Fábrica y almacén Marcet i Poal es uno de los ejemplos de reutilización de un antiguo edificio para evitar su demolición, o lo que es lo mismo, potenciar sus valores históricos y arquitectónicos. Sin duda, no puede considerarse una de las joyas del patrimonio arquitectónico de la ciudad, pero resulta evidente que es una muestra significativa del modernismo industrial, corriente que dejó Terrassa “sembrada” de un buen número de edificios de interés cultural.

La historia del edificio es algo confusa, según las informaciones que circulan por Internet. Al parecer, se construyó sobre los cimientos de una fábrica anterior que fue devastada por un incendio, habilitando dos espacios anexos: una fábrica y un almacén.

En su edificación intervinieron dos arquitectos. De un lado, Josep Maria Coll i Bacardí, responsable  del almacén, que fue construido en 1914. Y de otro, el omnipresente arquitecto municipal Lluís Muncunill, que se hizo cargo del proyecto de la fábrica en 1920.

Dos elementos podríamos destacar en lo que se refiere a la ornamentación que hace interesante este edificio desde un punto de vista arquitectónico: de un lado el  remate cerámico del tejado, que le otorga personalidad propia; y de otro, las rejas que adornan las ventanas y balcones de la fachada, de clara inspiración modernista.

La remodelación de su fachada que se acometió en 1992 le valió una mención especial del jurado de los Premios Cívicos de ese año a la mejora de fachadas. En la actualidad, el edificio alberga al Patronato Municipal de Educación.

Vanguardia para la tercera edad

Durante todos estos años que he vivido fuera de Terrassa la ciudad ha experimentado un remarcable desarrollo urbanístico que han logrado cambiarla en un elevado porcentaje, con proyectos de gran relieve, como las distintas fases de adecuación de los torrentes que conforman el parque de Vallparadís, el gran Central Park de Terrassa. Pero tal vez lo que más me ha sorprendido ha sido cómo ha cambiado la imagen de una Terrassa dominada por una arquitectura obsoleta, a menudo antiestética, que focalizaba la atención de quienes la contemplábamos en su fealdad, omitiendo la riqueza modernista propia de su historia reciente; un cambio en favor de la irrupción de un buen número de edificios que, a su funcionalidad, añaden un gran componente estético y valores arquitectónicos reseñables. Tal vez el tomar conciencia del peso histórico que la ciudad tiene en su comarca y de la riqueza de su arquitectura -hay que valorar aquí la iniciativa turística desarrollada por el Ayuntamiento-, haya hecho que la vocación vanguardista que tuvo a principios del siglo pasado haya vuelto a renacer a través de muchos de los edificios que se han erigido en las últimas dos décadas, que claramente manifiestan una vocación de modernidad en su concepción estética. Un esfuerzo que muchas personas no aprecian, pero que a la larga contribuye a crear una ciudad mucho más apetecible para vivir que la aburrida Terrassa que quedó atrás. Seguir leyendo Vanguardia para la tercera edad

Monumento a las víctimas del terrorismo

DSC03245En mi particular paseo por las esculturas que adornan la ciudad de Terrassa toca detenerse un momento en una que a muchas personas resultará sorprendente, pues cuando se aborda el tema que homenajea dicha escultura se piensa más en ciudadanos del resto del Estado. Y es que el terrorismo dejó graves secuelas en muchas ciudades de España, tantas que ensombrecen el triste y reprobable asesinato a manos de ETA en diciembre de 2000 de Francisco Cano, concejal del Ayuntamiento de Viladecavalls y residente en Terrassa.
El monumento a las víctimas del terrorismo sitúa a Terrassa entre las diversas ciudades que han rendido homenaje a personas inocentes que murieron a manos de canallas que anteponen sus intereses a los derechos más elementales de los ciudadanos, y en muchos casos a personas que han demostrado ser firmes valedores de nuestra democracia.

DSC03244 La escultura egarense se halla en el Torrent de les Ànimes, en medio del parque de Vallparadís, y es obra de Jesús Fructuoso. Simboliza la esperanza de un futuro mejor exento de la barbarie del terrorismo, y se inauguró el 23 de marzo de 2002 promovido por la Asociación de Víctimas del Terrorismo y financiado por el Ayuntamiento.
Elaborado a partir de granito flameado, el monumento muestra un marco de hierro que ofrece al paseante una ventana a ese mundo imaginario que, por su emplazamiento, permite soñar con una naturaleza donde la nota predominante es el verdor de la vegetación de Vallparadís, la relajación del lago adyacente y el pasear tranquilo de los terrassenses.

Nova Terrassa, color y dinamismo

Paseando por mi barrio topé con este singular edificio, que inmediatamente llamó mi atención por su colorida propuesta, una rompedora puesta en escena dentro de un barrio que aún se está definiendo urbanísticamente; arriesgada, pero a la vez acertada; con personalidad fuerte y llamativa. No lo dudé y me dediqué a fotografiar sus fachadas, descubriendo otras sorpresas en su original diseño. Una de esas fotografías fue a parar a mi cuenta de Instagram donde una amiga mía comentó: “¡Qué chulo!¿Eso está en este pueblo?”. Y entonces reflexioné una vez más sobre uno de los objetivos de este blog, que no es otro que poner en valor la belleza/riqueza arquitectónica de la Ciudad porque, a la vista está, que los ciudadanos pasamos a menudo al lado de muchos edificios que contemplamos des soslayo, muchas veces olvidando la otra misión que cumplen: la de embellecer nuestros espacios públicos. Recordé mi infancia y la de veces que he pasado junto a hermosos edificios modernistas a los que no he concedido la importancia que realmente tienen hasta después de haber vivido muchos años fuera de Terrassa. Agradecí la labor realizada por el Ayuntamiento al ponerlos en valor creando una ruta turística y generando una actividad de la que se veía al margen esta gran ciudad industrial.

Pero no quiero reflexionar aquí sobre eso. Volvamos al protagonista de esta entrada, que no es otro que el edificio Nova Terrasa, ya que tal es el nombre de la promoción que se construyó en 2007 en la confluencia entre las calles Baldrich y Navas de Tolosa.

Me costó un poco llegar hasta el responsable de este magnífico ejemplar de arquitectura contemporánea, pero al final llegué hasta él – desde aquí os recomiendo, arquitectos, que seáis un poquito menos humildes y firméis vuestras obras con una placa en las fachadas-.

Obra del conocido arquitecto Eduard Broto Comerma, el edificio Nova Terrassa es un inmueble plurifamiliar de 187 viviendas, que fue edificado en distintas fases, finalizándose en 2010.

Según cuenta Eduard Broto, a la hora de plasmar su creación partió de dos premisas: un ajustado presupuesto para el gran volumen edificable, y el deseo de dotar a este barrio emergente de un edificio con gran personalidad. “Vimos que teníamos ante nosotros un edificio con una gran potencia de volumen y nos planteamos hacer algo con un poco de gracia”. El concepto elegido para la fachada principal de este edificio, la que da a la calle Navas de Tolosa, fue “una estantería llena de cajas de colores, buscando un contraste con el fondo; unas cajas que son aleatorias: unas son individuales otras dobles y otras triples, y van configurando un desorden dentro del orden”, señala el arquitecto.

Efectivamente, al contemplar este edificio uno imagina una suerte de casas prefabricadas apiladas en una estructura blanca y no puede evitar también rememorar los juegos infantiles de construcciones con sus bloques de colores.

Esa especie de “divertimento” que supuso la elección del color para adornar la fachada principal fue a la vez una complicación para el estudio de arquitectos dirigido por Eduard Broto, pues hubo de afrontar distintas dificultades, como la propia selección de los distintos colores: verde, amarillo y rojo, o los materiales para su perdurabilidad. Así, Broto explica que las celdas de color se sometieron a varios experimentos hasta decidir recubrirlas con un material a base de aluminio y resina capaz de garantizar la impermeabilidad y la durabilidad del color.

Pero el fuerte diseño de colores contrasta armónicamente con la solución que el equipo de arquitectos de Broto Comerma eligió para el resto de las fachadas, donde el elemento color desaparece y la idea de la colmena cobra vida.

La promotora -cuenta Broto- quería para el resto del edificio una solución más austera y neutral y la incorporación  de balcones. Entonces se optó por la creación de una especie de malla de piedra y hormigón que dividía la fachada en celdas más o menos cuadradas, pero el acierto total fue jugar con la orientación dispar de las paredes que demarcan cada celda, generando un efecto dinámico, casi orgánico, de gran belleza, que otorga también personalidad al conjunto del edificio.

Una vez diseñadas esas irregulares celdas, se decidió obtener inspiración de las mismas para la elaboración de las rejas que protegen las ventanas de las viviendas de la planta inferior, acentuando la armonía del edificio, que fue construido en forma de “U” para albergar un patio interior.

Arquitectura e interiorismo en Terrassa