La Riera del Palau, una sala de arte al aire libre

Aprovechar el cemento que afea la ciudad para crear belleza es una máxima de gran parte de los artistas callejeros, los que no agreden al patrimonio colectivo sino que contribuyen a dulcificar su aspecto. Y en ese contexto los muros de contención de torrentes, ríos, rieras y avenidas suelen ser un referente para quienes andamos a la búsqueda del arte más espontáneo y en ocasiones efímero: el que emerge de un bote de pintura en aerosol. Seguir leyendo La Riera del Palau, una sala de arte al aire libre

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Escola Pia, regio edificio

DSC00129Durante décadas este edificio fue una referencia para las clases adineradas de la época, que escolarizaban allí a sus vástagos para garantizarles una educación de gran calidad. Con esa intención fue impulsado por la pudiente burguesía de la Terrassa del siglo XIX y posiblemente sea reflejo de ello su regio aspecto, enfatizado por su ubicación en lo que se conocía como el Turó de l’Argila (Colina de la arcilla) y por  su emblemático torreón, que recuerda a pretéritos internados, universidades y abadías de Gran Bretaña. Seguir leyendo Escola Pia, regio edificio

Restaurante Les Lletres, alimento espiritual

IMG_20150420_194627El alimento del alma. Así consideran muchos a la literatura por su capacidad de provocar en nuestro ánimo todo tipo de sensaciones, emociones, evocaciones, elucubraciones y muchas más “ciones”. No sé si fue ese el motivo que indujo al responsable del interiorismo del segundo restaurante Les Lletres (el que se ubica en el antiguo Vapor Gran), aunque sospecho que tuvo más que ver el nombre del establecimiento matriz, que se halla en el frankfurt -para los que sois de fuera de Catalunya, un frankfurt, además de una salchicha alemana, es un establecimiento dedicado a la venta de dicho producto, así como de otros cocinados a la plancha- del mismo nombre que se ubica en el Paseo de Les Lletres. Seguir leyendo Restaurante Les Lletres, alimento espiritual

La asignatura pendiente de Galileu y Arquímedes

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Cuando el Ayuntamiento de Terrassa tomó la decisión de suprimir el tráfico de la Rambla -aprovechando su remodelación con motivo del soterramiento de los ferrocarriles de la Generalitat- apostó claramente por un modelo de ciudad que priorizaba al peatón por encima del automóvil. Un modelo en línea con el que muchas otras ciudades han adoptado y que persigue rescatar el mayor espacio posible para el peatón, promoviendo un uso más racional del automóvil particular en favor de la bicicleta y del transporte público. Criterios, en definitiva que persiguen una ciudad más ecológica y saludable para el disfrute de sus ciudadanos.

Desconozco si el Consistorio contaba con una planificación previa en este sentido o si se trataba de una iniciativa aislada que, no obstante, se sumaba a otras que compartían el mismo espíritu. Como ejemplo baste citar las remodelaciones de las calles de la Rutlla o Volta, entre otras, que reordenaron el tráfico, ampliaron aceras y plantaron árboles en consonancia con ese modelo.

Pero, para ser consecuente con esas actuaciones, Terrassa aún ha de afrontar dos intervenciones clave en el centro de la ciudad. Trasladar el tráfico de la Rambla a las calles Arquímedes y Galileu, sin acondicionarlas antes, ha sido un claro error. Lo demuestran los atascos que se generan en las horas punta por la densidad del tráfico y los tramos de un solo carril. Pero también existe una componente de, digamos, estética urbanística, de coherencia con el citado modelo y de expectativas insatisfechas para una ciudad del rango de TerrassaCaptura de pantalla 2015-04-23 a las 22.27.43

Uno de los problemas que presenta el casco antiguo de la ciudad tiene su origen ya en la nefasta planificación del pasado, más próxima a un desvencijado pueblo que a la notable ciudad que es Terrassa (aunque a menudo no seamos capaces de reconocerlo). Se trata del angosto trazado de sus calles, a lo que se añaden las esquinas aristadas y sin chaflán que generan falta de visibilidad en el tráfico. En ese contexto, cualquier acción que contribuya al “esponjamiento” de ese espacio contribuye a crear una ciudad más  habitable. El resultado obtenido en La Rutlla o Volta así lo ha puesto de relieve. Sin necesidad de expropiar para ensanchar las calles -tarea imposible por su inasumible coste económico- el trazado urbanístico ha generado una sensación de mayor amplitud, se ha humanizado.

Al trasladar el tráfico de la Rambla a Arquímedes y Galileu, estas calles adquirieron automáticamente un rango similar al de la Rambla, un rango de vías preferentes que deberían haber recibido un tratamiento urbanístico acorde con su nuevo estatus, no sólo desde el punto de vista de la funcionalidad -fluidez del tráfico- sino también desde un punto estético. Quien circula por primera vez por ambas calles tiene la sensación de hacerlo por callejuelas de un pueblo mal planificadas con amplios tramos de un solo carril y vehículos aparcados que ahora están a la derecha y ahora a la izquierda, convirtiéndose en obstáculos que hay que salvar. Caos, en definitiva y mala imagen para lo que se supone que es una ciudad de más de 200.000 habitantes.

Soy consciente del mal momento económico que vive el conjunto del país, pero tarde o temprano habrá que tomar una decisión al respecto y seguir construyendo la Terrassa que nos merecemos -que ya ha visto intervenciones encomiables en años precedentes- más humana y por qué no, capital vallesana. Habrá que ser “valientes” y renunciar al estacionamiento en ambas vías -perdiendo incluso los beneficios económicos que deja a las arcas municipales la O.R.A. Así podremos lograr el espacio necesario para crear dos carriles, ampliando aceras y transformándolas en pequeños bulevares similares a los de Rutlla y Volta.

Hay quien dirá que en el urbanismo, como en casi todo, para gustos los colores. Y tendrán razón, pero Terrassa ya ha elegido un color al diseñar el modelo de ciudad que iniciativas previas nos demuestran. Y ahora todas las actuaciones han de guardar coherencia con ese modelo, seguir una misma línea, un mismo camino que evite discordancias. No es tanto que a este humilde periodista le guste que su ciudad sea más bella y mejor ordenada -que también- sino, como decía el del chiste: “Si vamos a por Rolex, vamos a por Rolex, y si vamos a por setas,  vamos a por setas”.

Almacén Salvans

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Lo prometido es deuda. Dije que os contaría la verdadera historia de “la iglesia del dinero” y aquí la tenéis: Tras la horrenda fachada que actualmente da acceso a una entidad bancaria se esconde, en realidad, un almacén de comercio textil correspondiente a los primeros tiempos de la edad de oro de Terrassa, la de la industrialización textil. Un modesto almacén, ni siquiera uno de los de mayor renombre por sus valores arquitectónicos, aunque se trata de un ejemplo de importancia para los amantes de la historia de la arquitectura industrial modernista. Y es que los expertos lo señalan como el edificio en el que el ilustre arquitecto Lluís Muncunill introdujo por primera vez elementos del estilo modernista que posteriormente definiría la mayor parte de su obra, concretamente el uso de elementos cerámicos y la rotulación del edificio, actualmente desaparecida.DSC00100

El Almacén Salvans, fue construido en el año 1901 como un edificio de carácter industrial, consistente en una alargada nave rectangular con fachada a dos calles, la del Paseo, que se mantiene más o menos intacta, y la de la calle Nou de Sant Pere, que la entidad bancaria con sede en el mismo forró con cristal oscuro, amén de otros elementos digamos discutibles.

En su planteamiento es una obra superlativa, tanto por lo estilizado de su planta, como por el concepto aplicado a sus puertas y ventanas, también muy alargadas. De este modo se establece un curioso contraste entre la verticalidad acentuada de las grandes ventanas que adornan la marcada horizontalidad de la gran fachada lateral. Dicha fachada va a morir en una tercera fachada que mantiene una puerta rectangular de dos hojas, alta y estrecha.

Consta este almacén de dos plantas separadas claramente por la línea de imposta, que apunta ese trazado horizontal al igual que lo hace la línea de cornisas. La construcción tiene un zócalo de ladrillo visto y paredes de mampostería común con mortero enmarcadas por pilastras e impostas de ladrillo formando recuadros. El remate superior forma una cornisa de ladrillo y friso de cerámica blanca y azul. Son interesantes los vierteaguas de las aberturas, de ladrillo ron, así como la tortugada de cerámica del tejado. Las ventanas aparecen ciegas con paneles cerámicos de color amarillo y negro, según se describe en la Vikipèdia.

Edificio Gaia, como hecho con tiras de papel

DSC00015Un tanto escondido detrás del Auditorio Municipal encontramos el Edificio Gaia de la Universitat Politècnica de Catalunya; una edificación construida en 2013 exclusivamente para la actividad de investigación e innovación tecnológica, y financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad y por los fondos FEDER de la Unión Europea.

Para una infraestructura que había de aportar a Terrassa cierto prestigio en el campo científico, la Universitat, a través de concurso público, optó por un edificio de líneas geométricas, visualmente sencillo pero con cierta distinción. Nada nuevo bajo el sol en realidad, pero sí un ejemplo de moderna arquitectura digno de sumarse a las nuevas ejecuciones con que se ha dotado la ciudad en los últimos años.

El trabajo fue desarrollado por el gabinete de arquitectura barcelonés Mestura Arquitectes, que lamentablemente no ha respondido a mi solicitud de información sobre el proyecto (la escasa información que os facilito procede de su página web y de otros sitios de Internet).

El planteamiento inicial de los creadores de este edificio parece ser su servilismo a los usos que había de asumir, centrando su propuesta formal en aspectos pragmáticos, más que en criterios estéticos, de manera que el resultado fuera un edificio con cierta personalidad pero no emblemático por su aspecto externo. Así se deduce de lo afirmado por Mestura Arquitectes en la pequeña memoria descriptiva que exhibe en su sitio web:

“Un centro de investigación requiere por su especificidad funcional unas líneas de actuación concretas que potencien el intercambio de la información. A la producción de todo sistema de investigación ha de contribuir un diseño arquitectónico donde estén implicados todos los agentes principales, instituciones, investigadores, educadores, gerencia, técnicos, etc., De este modo los objetivos de servicio, calidad y producto investigado, se aúnan y la arquitectura se convierte en referencia neutral y equilibrada”.
El edificio Gaia acoge un centenar de investigadores procedentes de diversos países, y a seis grupos de trabajo que investigan en los ámbitos de las energías renovables, la biotecnología, los láseres, la electrónica, la robótica y la biología orientada a la industria. Para acoger toda esa actividad científica se ideó un edificio de dos volúmenes que ocupa una superficie total de 5.000 metros cuadrados.

Formalmente esa volumetría plantea una figura desdoblada en dos cuerpos longitudinales de diferente altura unidos por una planta baja transversal a modo de vestíbulo y espacio polivalente. El estudio ejecutor del proyecto habla de un edificio “isotrópico” en su planteamiento global de fachadas y de homogeneidad en la distribución interior del centro, basada en la articulación e interrelación de accesos, núcleos e itinerarios”. La “piel” del edificio se construye gracias a elementos verticales que confieren relieve a la propuesta sencilla de fachada y establecen un caprichoso juego de movilidad aparente mediante su inclinación variable; un efecto óptico que evoca una construcción hecha a partir de tiras de papel, que permite dar cierta actitud orgánica a un bloque que resultaría excesivamente racional sin este tipo de revestimiento. También destaca el concepto modular de los espacios con la finalidad de “permitir la sustitución y adaptación a nuevos requerimientos del programa”.

Monumento a la mujer trabajadora

DSC00001Terrassa cuenta desde 1996 con un Monumento a la Mujer Trabajadora. Se trata de una de esas esculturas incomprensibles que adornan las rotondas, que si bien es de gran belleza e impacto, también resulta inexplicable desde un punto de vista simbólico o figurativo pues nadie sabe muy bien qué relación guarda su estilizada forma con el homenaje que pretende rendir. Llamadme mal pensado, pero, al igual que muchos de mis conciudadanos, pongo en duda que el criterio fuera un encargo y me inclino más por pensar que se trató más del “capricho” de alguien por el trabajo del artista. No sé, simplemente me escama que siendo un monumento concebido para la mujer trabajadora -aparte de no guardar relación en su aspecto formal ni con el trabajo ni con la mujer- se inaugurara el 21 de diciembre y no el 8 de marzo.

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Arquitectura e interiorismo en Terrassa