Castillo Cartuja de Vallapardís, residencia de los señores de Terrassa

BeFunky_DSC02551.jpg
Vista general del castillo y el foso

Como muchas otras ciudades, Terrasa perdió un importante capital en materia de arquitectura histórica con el derribo de las murallas de la ciudad y del castillo palacio. A menudo los intereses urbanísticos y económicos han hecho un flaco favor a las señas de identidad y a la riqueza arquitectónica de las ciudades, y sus habitantes nos maravillamos al visitar villas que han sabido preservar su historia y su belleza, olvidando que nuestra ciudad también tuvo su esplendor.

Así como las joyas arquitectónicas de la industrialización perviven para nuestro disfrute -y enriquecimiento turístico- no ocurrió de igual forma con los monumentos del medievo. Siendo una ciudad amurallada y dotada de palacio fortificado, Terrassa cedió al chantaje del crecimiento y a intereses económicos, no sabiendo proteger un legado histórico del que apenas quedan dos recuerdos: La Torre del Palau y el Castillo de Vallapardís.

DSC03767
Antiguo patio de armas trasformado en claustro

Afortunadamente para los amantes de la historia y sus antiguos edificios, Vallparadís se mantuvo más o menos en pie y fue reconstruido para entender mejor la importancia que la villa de Terrassa tuvo en la Edad Media. La edificación de este pequeño castillo se remonta al siglo XII y se debió a la familia Sanlà. Según consta en los documentos de la época que se conservan aún, Berenguer Sanlà y su esposa Ermessenda adquirieron al conde de Barcelona, Ramon Berenguer III, los terrenos donde se alza el castillo con la intención de construir allí su hogar. Del edificio original al que nos ha llegado a nuestros días posiblemente han permanecido pocos elementos. Se cree que los señores de Sanlà mandaron construir una residencia señorial fortificada parcialmente rodeada del foso que actualmente aún se conserva y con un perímetro parecido al actual; un castillo amurallado y dotado de torres de planta cuadrada, con presencia de saeteras en sus muros y con una torre cuadrada de la cual se conserva el muro norte, en el interior, que debía de servir como residencia del señor y su familia.

BeFunky_DSC03821.jpgEn la misma época, al otro lado del torrente de Vallparadís, sobre el que se erige este monumento, crecía en torno a otro castillo palacio la villa de Terrassa que, al parecer, iba adquiriendo preeminencia frente al otro núcleo de población cercano, el de Sant Pere (en torno a la iglesias románicas de la Seu d’Ègara). Tal vez por ello, los hijos de Berenguer Sanlà abandonaron el apellido paterno y adoptaron el de Terrassa. Lo señores de Terrassa gobernaron el Castillo de Vallapardís hasta el año 1345 cuando Blanca de Centelles, hija de Bernat de Centelles y Saurina de Terrassa, cedió sus dominios a la orden religiosa de los cartujos, y, como consecuencia, se instaló en el castillo un monasterio llamado Sant Jaume de Vallparadís. Fue entonces cuando se produjeron muchos de los cambios que actualmente podemos observar en la arquitectura de dicho edificio. Para su transformación en monasterio, hubo que construir una capilla en la gran sala de planta rectangular, actualmente llamada Tinellet, con arcos apuntados sobre ménsulas y sobre plano, y también con una ventana de estilo gótico en el extremo donde se supone que estaba el presbiterio. También se construyó una iglesia adosada a la cartuja, que fue demolida en el siglo XX. Pero tal vez la transformación más relevante fue la del antiguo patio de armas, que pasó a acoger el claustro. Situado en el centro del edificio, a su  alrededor se situaban las celdas de los monjes y otras dependencias de la cartuja. Tiene una galería inferior, poco uniforme de estilo y cerrada al sector este, y una superior que presenta un austero estilo gótico con arcos y capiteles geométricos sin decoración.

BeFunky_DSC03829.jpgLa comunidad cartuja permaneció en Vallaparadís hasta el siglo XV, cuando se trasladó a la cartuja de Montalegre (Tiana). A partir de ahí, el Castillo-Cartuja logró sobrevivir gracias al uso que sus propietarios posteriores le dieron, ya que a los cartujos sucedió la orden del Carme del Hospital de la Santa Creu de Barcelona (1413) y la familia Sentmenat (1432), que fue propietaria del Castillo hasta 1852, cuando vendió el mismo y parte de sus tierras a la familia Mauri. Posteriormente, con sus tierras dentro del término municipal y declarado monumento histórico en 1944, dicha familia de industriales decidió ceder el castillo a la ciudad. Por aquella época el castillo era una sombra de lo que actualmente es, pues hubo que reconstruir sus torres, que se conservaban en un pésimo estado, ya que el uso del edififico había quedado poco más que en el de una masía.

Hoy en día pueden apreciarse algunos elementos de gran interés de la arquitectura medieval defensiva, como son sus muros de piedra, el puente y foso o sus estrechas aspilleras, concebidas para disparar flechas ante un hipotético ataque enemigo.

DSC03831

En su interior cabe reseñar las jambas, dinteles y arcos de piedra que conforman las puertas y ventanas, que permiten constatar la evolución arquitectónica del edifico, con vestigios del románico y del gótico. Hay que destacar también la sobriedad de los arcos apuntados que existen en la principal sala del castillo -que hallamos nada más, a nuestra derecha- y de los que sustentan los muros del patio anexo al claustro.

Hallamos igualmente el clásico asiento de piedra ubicado bajo un ventanal, propio de este tipo de construcciones, así como vestigios del antiguo suelo de losas de piedra.

Anuncios

Casa del Bunyolero

Ubicado en el número  54 del Portal de Sant Roc, la Casa del Bunyolero es uno de los edificios más peculiares del modernismo terrassense por su fachada totalmente cubierta por cerámica decoradaBien Cultural de Interés Local (BCIL), este inmueble residencial fue construido a principios del siglo XX, pero su aspecto actual se debe a una reforma ejecutada en 1916 por Josep Maria Coll i Bacardí. El arquitecto modernista recurrió a la mayólica (loza decorada con reflejos metálicos) para la ornamentación de la fachada del edificio, concebida enferma simétrica y marcada también por los grandes balcones que delimitan cada una de las cuatro plantas que componen el edificio. Los dibujos que ornamentan las baldosas de mayólica recurren a motivos florales y dan cohesión al conjunto llenando los lienzos de pared que separan las oberturas de los balcones mediante cenefas en tonos azulados sobre fondo blanco. Seguir leyendo Casa del Bunyolero

Vallparadís, el Central Park de Terrassa

DSC03674La transformación de los torrentes de Vallparadís, Monner y Les Ànimes en lo que hoy es el gran parque central de Terrassa ha supuesto, sin duda, el proyecto urbanístico de mayor relevancia tras el derribo de las antiguas murallas y la primera gran planificación de la ciudad. La ubicación de dichos torrentes en un nivel inferior al suelo urbano ha resultado clave para su supervivencia. Si dicha orografía fue antaño un puntal para la seguridad de los primeros asentamientos de población, significó posteriormente el gran problema de la ciudad para su cohesión territorial, al verse dividida por esta gran “falla” insalvable, que separaba el antiguo pueblo de Sant Pere de la Terrassa surgida en torno al palacio medieval hoy desaparecido. La construcción del puente del paseo permitió el crecimiento de la ciudad al salvar el gran torrente de Vallparadís, que seguía siendo un espacio salvaje en mitad de la ciudad. Seguir leyendo Vallparadís, el Central Park de Terrassa

Casa Joan Barata, piel esgrafiada

nom_fitxer_2589Antoni Barata Guitart, descendiente de una antigua familia acaudalada procedente de Manresa y dedicada, entre otras cosas a la hostelería, decidió establecer su residencia en la ciudad de Terrassa, mandando construir una casa señorial en la calle de Sant Pere. Fue en el año 1838, dieciséis años antes del nacimiento de su vástago, Joan Barata Quintana, quien fuera alcalde de Terrassa en dos ocasiones. Con el cambio de siglo, en el año 1905 la familia encargó al prolífico arquitecto Lluís Muncunill la remodelación de su casa, quien diseñó la apariencia que nos ha llegado hasta hoy, marcada por la corriente modernista tan en boga en esa época y que determinó la primera etapa creativa del arquitecto. Seguir leyendo Casa Joan Barata, piel esgrafiada

La llama olímpica

DSC03642El fuego olímpico o bien un atleta portando una antorcha encendida que brota del mismo fuego. Son dos de las posibles interpretaciones que permite esta escultura de nombre no menos descriptivo: Flama II (Llama II) y que fue erigida en conmemoración de un hecho histórico para la ciudad de Terrassa, como fue ser subsede de los Juegos Olímpicos de Barcelona que se celebraron en 1992.
La escultura fue creada por Ferran Bach-Esteve por encargo del Ministerio de Educación para formar parte de una exposición que se presentó en el espacio Tecla Sala de Hospitalet de Llobregat. Un año después y tras el fallecimiento del artista, su viuda la donó a la ciudad para que fuera instalada en un lugar público. Y el Ayuntamiento decidió aprovechar la remodelación de la Placeta de Saragossa para decorar su nueva isleta de césped y situar en un céntrico lugar el recuerdo de un evento deportivo que llenó de orgullo a los terrassenses.
La llama concebida por Bach-Esteve es una escultura de vanguardia elaborada en acero inoxidable pulido, tiene una altura de tres metros, un diámetro de 8 centímetros y pesa 600 kilos.

Almacén Joaquim Alegre

Almacén Pasqual Sala, monumentalidad novecentista

DSC03646Siempre pensé que el edificio señorial que actualmente acoge a la Confederación de Empresas (CECOT) en Terrassa parece surgido de cualquiera de las novelas de Agatha Christie; el escenario ideal para una reunión de extravagantes personajes cuyas vidas son moneda de cambio para un gran misterio. Y todo ello por su aire de antiguo caserón no exento de cierta megalomanía, pero también por el aspecto que cobra durante las oscuras noches de invierno, especialmente cuando la luna emerge entre las nubes, por encima de su gran cúpula gris.

Seguir leyendo Almacén Pasqual Sala, monumentalidad novecentista

La iglesia del dinero

IMG_20150106_115750Dudaba de si traer aquí este ejemplo de mal gusto arquitectónico, pero como también me dedico a recopilar curiosidades opté finalmente por recoger esta extravagancia situada en la calle Nou de Sant Pere. No deja de tener su gracia el remate final elegido por el arquitecto de turno para, digamos, “actualizar” uno de los accesos de un antiguo almacén modernista ocupado por la oficina de una entidad bancaria. El inmueble en cuestión tiene su importancia histórica por pertenecer a la ruta de edificios del llamado modernismo industrial; concretamente el almacén Joan Fontanals, parte del cual, como se ha dicho, es actualmente la sede de un banco catalán. Pues bien, en un alarde de imaginación, el arquitecto decidió reformar la fachada marcando el perfil determinado por el tejado a dos aguas del edificio y cubriéndola de cristal reflectante. El error, adosar un frontal de hormigón a modo de torre, presumiblemente con el efecto de destacar en lo alto el logotipo de la entidad financiera. Y el resultado, la evidente forma de iglesia, que reviste especial ironía en los tiempos actuales en los que el dinero parece ser la religión mayoritaria. Pues sí, tiene su gracia, aunque solo sea en el sarcasmo. Otro día os hablaré del antiguo almacén en cuestión.

Arquitectura e interiorismo en Terrassa