La arquitectura del hierro en Terrassa

Años antes de la irrupción del modernismo, la arquitectura había evolucionado al albur de los avances tecnológicos derivados de la Revolución Industrial. La necesidad de construir espacios amplios y diáfanos para dar cabida a los nuevos requerimientos de la sociedad industrializada provocó la aparición de soluciones constructivas diferentes donde el hierro, el hormigón y el vidrio cobraron protagonismo. Los avances socioeconómicos hacían necesario dotar a las ciudades de equipamientos nuevos y de gran tamaño que no podían construirse mediante las técnicas tradicionales por su elevado coste, ente otros inconvenientes. Era el caso de las grandes estaciones de ferrocarril, los mercados públicos, y, por supuesto, las fábricas que estaban generando el enriquecimiento progresivo de esa sociedad. Y es en este contexto en el que la ingeniería protagonizó un papel destacado introduciendo el uso del hierro forjado como puntal de sujeción de edificios y otros elementos arquitectónicos, reduciendo costes y aportando más seguridad y consistencia a los proyectos.

De ahí surgió lo que hoy día conocemos como arquitectura del hierro, que tuvo sus antecedentes a finales del siglo XVIII con la construcción de puentes como el de Coalbrookdale (Inglaterra) o el de las Almas (París). Los estudiosos del tema coinciden en señalar la Biblioteca de Sainte Genovieve (París) como el primer edificio construido a partir de una estructura de hierro fundido. El edificio, que hoy forma parte de la Universidad de la Sorbona, fue proyectado por Henri Labrouste a mediados del siglo XIX, y finalizado en 1861. Sin embargo, el emblema de este tipo de arquitectura es, curiosamente, una construcción concebida como una especie de escultura gigante desmontable proyectada para su exhibición en la Exposición Universal de París de 1889: la torre Eiffel. Precisamente las exposiciones universales celebradas en el siglo XIX fueron caldo de cultivo para la presentación en sociedad de la arquitectura del hierro. Célebre fue el Crystal Palace (palacio de cristal) inaugurado por la reina Victoria de Inglaterra en Hyde Park con motivo de la Gran Exposición mundial de 1851, que mostró la versatilidad del hierro fundido y el vidrio para la construcción de grandes espacios cubiertos. El gigantesco invernadero fue destruido en 1936 por un incendio, pero durante décadas fue el espejo en que se miraron otras construcciones (Palacio de Cristal del Retiro madrileño).

 

Dejando al margen lo que la arquitectura del hierro supuso para la construcción de los primeros rascacielos en Chicago, sus posibilidades para la creación de grandes naves diáfanas resultó el aliado perfecto para constructores y urbanistas, que apostaron por combinar hierro y ladrillo en la construcción de grandes espacios de uso público y privado. Las posibilidades de esta nueva arquitectura, ya no sólo funcionales y estructurales sino también estéticas, hicieron que la mayor parte de los arquitectos del momento la introdujeran en sus proyectos. En Terrassa, Melcior Vinyals y Lluís Muncunill crearon importantes estructuras de hierro fundido para sustentar algunos de sus proyectos más emblemáticos. Uno de los ejemplos más destacados es el del Mercado de la Independencia, obra que pasa por ser el inmueble que conserva la mayor estructura metálica de la arquitectura de estilo modernista de Terrassa, y fue construido para dar cabida a las necesidades de espacio, cada vez mayores, del tradicional mercado central. Los arquitectos Antoni Pascual Carretero y Melcior Vinyals Muñoz fueron los padres de este imponente edificio, las obras se contrataron a Pere Almirall Ballbé. Decidieron apostar por el hierro como principal elemento decorativo, siguiendo la tendencia modernista de la época y confiriendo cierto carácter innovador al nuevo mercado, dadas las dimensiones de la estructura metálica resultante del proyecto. El edificio se estructuró en tres naves en forma de abanico, que permitían disponer de 3.175 metros cuadrados para la actividad comercial de la ciudad. Los altos muros confieren cierta majestuosidad a esta “catedral del comercio” y permiten captar mejor el juego estético de sus columnas y vigas, así como la estructura del techo, concebido a dos aguas. Entre los elementos característicos de este edificio destacan también las persianas de madera que adornan las ventanas exteriores del mercado, así como su gran lucernario central.

 

Pero si Viñals construyó la “catedral del comercio” de Terrassa, Muncunill hizo lo mismo con los vapores (nombre que recibían las fábricas textiles por el uso de la máquina a vapor como fuente motriz de su maquinaria). Posiblemente su máximo exponente en este sentido fue el Vapor Aymerich, Amat i Jover, actualmente sede del Museo de la Ciencia y la Técnica de Cataluña. Lluís Muncunill concibió el proyecto como una única nave de grandes dimensiones -unos 11.000 metros cuadrados- de planta rectangular, reforzada por un edificio central anexo que alojaba los espacios donde se generaba la energía necesaria para movilizar la maquinaria de la fábrica: las carboneras, las calderas, la chimenea y la máquina de vapor. Para desarrollar este gran proyecto diseñó una gran estructura metálica que soporta el espectacular techo de la nave, posiblemente el elemento arquitectónico más destacable de todo el conjunto, junto con su esbelta chimenea. Esta cubierta fue realizada mediante la unión de un sinfín de bóvedas catalanas de ladrillo plano que descansan sobre columnas de hierro fundido, formando una estructura arquitectónica de valor singular.
Lo mismo hizo en  el desaparecido Vapor Ventalló, de dimensiones mucho más modestas. La estructura de hierro fundido de la desaparecida fábrica, así como dos de sus fachadas originales, permanece protegida para el uso ciudadano a modo de gigantesca pérgola. Gracias a esta iniciativa urbanística podemos ver el entramado de esta estructura de hierro, con sus columnas, juntas y vigas.
También podemos contemplar esta técnica constructiva en otras obras como el Vapor Amat, donde dieciséis originales bóvedas de ladrillo de estilo catalán son sustentadas por columnas de hierro fundido para conformar su cubierta, en otro espacio emblemático de la ciudad que hoy en día se puede disfrutar como sala de exposiciones pública que rinde homenaje a su autor, Lluís Muncunill.
Lo mismo ocurre con el también desaparecido Vapor Albiñana, cuyas columnas de hierro fueron reutilizadas para una escultura expuesta en la Plaza Ricard Camí, o con la Escuela Industrial, donde el amplio vestíbulo de acceso aparece presidido por unas esbeltas columnas que sujetan la estructura que permite dotar al edificio de un techo elevado con lo que -suponemos- se quería conferir a la escuela cierto aire de magnificencia.
Esta arquitectura de hierro supuso sin duda toda una revolución en la técnica constructiva de la época de la que son testigos algunos de los principales edificios modernistas de nuestra ciudad.

 

Reportaje publicado en la II Guia de la Terrassa Modernista 2018

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s