The Laundry Bar, confort nórdico y reciclaje

Cuando el mal llamado reciclaje (el término correcto es reutilización) y el confort nórdico se dan la mano surgen ambientes como el que Julia Lozano ha creado en su establecimiento de la calle Iscle Soler, número 2. The Laundry Bar basa su decoración precisamente en el concepto de dar una nueva vida a muebles y utensilios desechados, creando con ellos un ambiente cálido y confortable con cierto regusto nórdico en algunas de sus notas.

Julia Lozano importó ese concepto de un bar que frecuentaba en Oslo durante los tres meses que vivió en la capital noruega. Allí asegura que se sentía como en casa y a su regreso a Terrassa quiso ofrecer a sus conciudadanos un espacio acogedor en el que puedan sentir ese calor característico del hogar ajeno, el de nuestros abuelos, vecinos o amigos, donde somos bienvenidos y se nos invita a quedarnos interactuando con parte de la decoración del establecimiento. Y es que juguetes y libros aparecen como elementos decorativos que el usuario de este bar-cafetería pueden utilizar para su entretenimiento, colaborando además si así lo desean con la constante transformación del mismo aportando donaciones.

La idea era dar nuevos usos a las cosas. Hay cosas de mis abuelos, de cuando yo era pequeña. Buscaba dar otro uso a las cosas, pero también hay un concepto de decoración low cost mezclado con piezas compradas en anticuarios“, explica Julia, quien asegura que se ha recorrido todos los mercadillos de segunda mano de la zona en busca de objetos con los que dar alma a su establecimiento.

Lo vintage reina en The Laundry Bar, con esa idea de la reutilización, pero también hallamos otras formas de usar los elementos decorativos, como es el caso de las viejas cajas de madera para fruta utilizadas como estantes, o los botes de conservas transformados en lámparas o integrados en la decoración, manteniendo su función de almacenaje. Con ellos conviven objetos de decoración procedentes de los más diversos lugares, como un teléfono de baquelita, lámparas de los años 60, sillas de cocina y terraza de diversos estilos, las luces de un submarino, el propio menaje vintage y otros muchos elementos.

Llama la atención el rincón dedicado a la lectura, que ostenta personalidad propia a partir de la conjunción de distintos tonos de azules turquesa y grises. La pared que da fondo a ese rincón está forrada con papel pintado decorado con búhos apostados en ramas de árboles en esos mismos tonos de color. Dos butacones de un intenso azul al límite entre el turquesa y el cobalto son los protagonistas del rincón, donde dos cajas hacen las veces de estantes para novelas y libros de viaje, y un  mueble aparador pintado de azul da la réplica en la otra pared, pintada de gris acerado.

La barra es otro de los elementos que cobra protagonismo. Forma otra unidad junto a la gran mesa de madera rústica que se ubica frente a ella y pretende ser un homenaje a la cocina de la abuela de Julia, ya que reproduce el tipo de azulejo que ésta tenía. En el centro de la misma, hallamos un viejo fregadero de loza rescatado de un derribo.

Finalmente, hallamos otro homenaje al pasado reciente de la ciudad en el suelo del local, donde se han instalado algunas baldosas de cerámica hidráulica, que se han envejecido para simular ese concepto de autenticidad que aflora en todo el establecimiento.

* En la actualidad este local ha desaparecido

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