Vapor Vacarisses, reforma integradora

Una de las muchas intervenciones que se han hecho para reutilizar las antiguas fábricas de Terrassa e integrarlas dentro de la trama urbana es la que permitió transformar el antiguo Vapor Vacarisses en un edificio de oficinas. El proyecto contemplaba el aprovechamiento de la nave que albergaba la antigua fábrica como un espacio destinado a diversos usos comerciales, conservando su estructura, actualizando su aspecto externo y adaptando su funcionalidad. Los trabajos de construcción de este proyecto se desarrollaron entre 2011 y 2013 con un presupuesto de 8.945.000 euros, a cargo de la promotora IMVIVSA.

El proyecto se encargó en 2009 al equipo de arquitectos formado por Lluís Morán MolinsMario Corea Aiello, quienes contaron con la colaboración de Marcelo Ranzini, Andre Mota, Pepe Morán y los gabinetes Bis Arquitectes y Terin Sl. Dicho equipo empezó a trabajar en el proyecto con la premisa de poner en valor las características primigenias de la nave industrial, manteniendo su carácter, pero actualizando su factura para darle cabida en el engranaje de una ciudad más moderna, como es la actual. Por ello se decidió respetar la volumetría y los espacios existentes, centrándose en aspectos como la luminosidad del espacio, la contextualización o los materiales que definirían su renovado aspecto.

Se respetaron elementos de valor como las fachadas, la estructura original o el patio interior, y se aplicaron criterios quirúrgicos a las construcciones y elementos añadidos a la nave original. El patio interior, destinado a aportar luminosidad a los distintos locales comerciales pasó a ser un elemento dinamizador importante, una especie de foro en torno al cual se articula la circulación interior y exterior de las naves.

Con la idea de armonizar el edificio al nuevo contexto, el equipo de arquitectos planteó “redefinir y reintegrar al tejido urbano una nave que con los años ha perdido valor, convirtiéndola en un nuevo espacio para trabajar y vivir“. En ese sentido, la fachada conserva el perfil de la nave industrial con sus vértice característico, pero se introducen elementos nuevos que aportan valores estéticos y funcionales. Mediante falsos arcos de piedra se trazaron oberturas en el basamento de la fachada que aparecen cubiertos por un zócalo de cristal sobre el que flota la volumetría de la nave.

Las ventanas preexistentes se han conservado también, otorgándoles un nuevo protagonismo al extraerlas de la fachada mediante estructuras cuadradas de cristal, y manteniendo a la vez la esencia del antiguo edificio. Así, se reconstruyó utilizando el mínimo de elementos, conservando el revoco y los colores originales de la nave. En lo que se refiere al interior, el blanco es el color predominante, en el que contrastan elementos como las estructuras metálicas, los altillos de madera maciza y los suelos de resina.

El proyecto fuer premiado con la medalla de bronce de la Bienal de Arquitectura de Miami Beach en su edición del año 2009.

 

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