Sant Jordi, el parque de las rosas

Sin lugar a dudas, los meses de abril y mayo son los indicados para visitar el Parc de Sant Jordi. Y ello es así por la eclosión de las rosas que desde hace décadas florecen en sus terrenos. Estamos ante el primer parque público con que se dotó la ciudad de Terrassa, cuando el Ayuntamiento adquirió en el año 1958 la casa y parte de los jardines que fueran propiedad de la familia Freixa. Sus 22.000 metros cuadrados de extensión se han quedado cortos para una ciudad de las dimensiones de Terrassa, pero este parque sigue siendo un oasis de verdor dentro del mismo corazón de la ciudad, muy frecuentado por personas de todo tipo que buscan un momento de descanso o un paseo con sus mascotas.

Tristemente azotado por el vendaval del 9 de diciembre de 2014, que derribó 87 de sus árboles, el parque recupera poco a poco su aspecto con la replantación de nuevas especies. Según la ficha municipal disponible este espacio verde cuenta en la actualidad con 58 especies distintas de árboles, 53 de plantas y 18 de rosales. Las cifras contabilizan 471 árboles, 27.052 arbustos y 9.518 plantas; asimismo, lo adornan 3.489 flores de temporada, de las cuales 2.253 son rosas.

Las rosas son, precisamente, su seña de identidad en lo que se refiere a la parte botánica, ya que su emblema indiscutible es la Masía Freixa y la estatua de San Jorge. Entre las 18 variedades existentes en el parque se contabilizan algunas singulares como la Rosa Charles de Milles de 1790, que destaca por su gran perfume y está catalogada como gran híbrido. También la creada por el prestigioso jardinero de renombre internacional Pere Dot, la Rose Dot de 1962, o la Rosa La France 1867,  de Jean Baptiste Guillot; o la Alba Máxima de 1750, rosa de colección de jardines hasta el siglo XVIII. Todas ellas florecen cada año en primavera, adornando los alrededores de la emblemática masía. Pero en esta época del año el verdor predominante en este parque urbano se ve igualmente salpicado por el colorido de otras tantas flores ornamentales que le aportan vida.

A lo largo de su historia, estos jardines han registrado una importante transformación, si bien mantienen su estructura primigenia. Su trazado original, basado en la concepción de los jardines novecentistas al uso en la época en que se concibieron se debe a un artista metido a paisajista, tal y como M. Mercè Compte, Teresa Garcerán y Montse Rivero rememoran en su gran trabajo titulado Els jardins de la masia Freixa. Ese artista era el pintor Rafael Benet i Vancells, por quien, según parece, la familia Freixa sentía predilección. La historia se remonta al siglo XIX, cuando la familia Freixa, propietaria de estos terrenos, instaló en ellos una fábrica de tejidos. En 1907 el industrial Josep Freixa i Argemí decidió convertir esa fábrica en su residencia familiar, y encargó al arquitecto Lluís Muncunill la remodelación del edificio, que estaría llamado a ser un emblema para la ciudad y uno de los referentes del modernismo catalán, caracterizado por sus perfiles redondeados y el uso del arco parabólico de inspiración gaudiniana. Para el disfrute de la familia Freixa se encargó a Benet la adecuación de los jardines. El artista creó su jardín sobre la base del que ya existía, dándole forma y espacio. A él se debe la explanada en forma de semi-óvalo que hallamos frente a la entrada principal de la Masía Freixa,  que aparece estructurada con diversos caminos que jalonan los parterres que acogen los frondosos rosales del parque y que llevan a la popular glorieta italiana que se destaca en el conjunto y en la que raro es el terrassense que no se ha hecho una fotografía. También forman parte de ese diseño inicial las dos palmeras whashingtonias que presiden la entrada al parque y compiten en altura con la torre minarete de la masía.

En 1958 el Ayuntamiento adquirió la masía y parte de los jardines para crear el primer parque urbano de la ciudad, siguiendo una reivindicación ciudadana, y un año después, coincidiendo con la Fiesta Mayor, inauguró el espacio con el nombre de parque de Sant Jordi. En la antigua residencia de los Freixa se ubicó la nueva sede de la Escuela Municipal de Música, y el espacio verde se completó con un pequeño estanque y una zona de juegos infantiles. Una reproducción en bronce del San Jorge de Donatello, que fue traída a Terrassa desde Italia a principios del siglo XX y que preside el patio posterior de la masía dio nombre al parque.

Mediados los años 60 se construyó un anfiteatro  en la hondonada del torrente del Batlle que pasó a complementar el equipamiento sociocultural del parque, y en la década de los 80 se incorporó al mismo otro espacio que formaba parte de dicho torrente, donde se ubicó una zona de ocio con picnic y juegos infantiles. En 2002, el derribo de una antigua nave industrial permitió crear un nuevo acceso desde la calle Pare Llaurador habilitando una plaza dedicada a la educadora infantil Adelina Gregoriano.

En la actualidad, el parque acoge el área municipal de Turismo y la Sindicatura de Greuges. Un pequeño restaurante y algunos actos programados periódicamente le confieren vida, entre ellos la Fira Modernista de Terrassa, en la que el parque es uno de los ejes fundamentales.

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