Casa Monset, sencillez modernista

La Casa Monset debe su nombre a la viuda Concepció Monset y fue construida en 1907 por el arquitecto Lluís Muncunill, quien también diseñó la casa con la que ésta comparte medianera y que se conoce como Casa Baltasar Gorina. Resulta curioso comprobar cómo en tan solo 5 años -los que transcurren entre la construcción de la segunda y ésta- se puede apreciar ya una evolución significativa en la obra del arquitecto municipal. Y es que, mientras que en el diseño de la Casa Baltasar Gorina Muncunill se basó en el ladrillo y formas rectilíneas para definir su fachada, en el caso de su vecina optó por un concepto completamente distinto, que genera un gran contraste y crea un conjunto diverso y curioso que llama poderosamente nuestra atención al pasear por la calle Fontvella.

Al igual que su ‘hermana’, la Casa Monset está protegida como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) y es una vivienda unifamiliar situada entre medianeras. Consta de una planta baja y dos pisos de concepción muy austera, y está inspirada en la arquitectura popular, según se hace constar en el catálogo municipal de bienes protegidos, que atribuye ese carácter a la composición de sus elementos de fachada y a las proporciones del edificio, que se inscriben dentro de  la tipología del casal terrassense (construcción alargada de 5 metros de fachada con quarto de reixa y entrada y patio posterior, cuyas habitaciones se distribuyen a lo largo de un largo pasillo).

Condicionada por la estrechez del casal, esta vivienda presenta dos oberturas en su planta baja que acogen respectivamente el umbral de acceso y la ventana del quarto de reixa  que, como su nombre indica, exhibe una hermosa reja de hierro forjado y formas onduladas de inspiración vegetal, en plena línea del modernismo arquitectónico.

El esquema se repite en la segunda planta, donde una pequeña ventana estiliza el umbral y un gran ventanal sigue el discurso arquitectónico iniciado por la ventana de la planta principal, incorporando cristaleras con vitrales levemente ornamentados con motivos florales y una pequeña baranda también de forja.

Y remata el conjunto un gran balcón situado en la segunda planta, igualmente adornado por una baranda de forja y contraventanas de madera pintada de verde.

Como en otras obras de este tipo, las cinco oberturas presentan perfiles redondeados que prácticamente son el único elemento decorativo de la fachada. Sin embargo, Muncunill quiso romper esa sobriedad, además de con los trabajos de forja y los detalles de color de las vidrieras, con el  tímpano de piedra trabajada del balcón, en el que ubicó un relieve de motivos vegetales que se prolonga hasta el gablete que corona el edificio.

 

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