La casa turquesa

DSC01811La mayor parte de las viviendas construidas en Terrassa entre los años 30 y 60 son de una austeridad espartana. Naturalmente, me estoy refiriendo a las viviendas de los obreros que trabajaban en el sector de la industria textil, que solían construir con presupuestos muy ajustados e invertían poco o nada en las fachadas de sus hogares. Pero, nos guste o no, son tantas que dominan el conjunto urbanístico de la ciudad, frente a las opulentas residencias de los burgueses que la embellecen y que han sido protegidas por sus valores arquitectónicos.

Hubo un tiempo en que su homogéneo aspecto y su buen estado de conservación aportaban cierto carisma al aspecto global del municipio egarense, aun siendo modestas; pero acabaron deteriorándose o fueron objeto de pretenciosas “mejoras” por parte de generaciones posteriores. Su aspecto externo, construido no sin sacrificio con el característico revoque de arena, -con el que todos nos hemos desollado la piel alguna vez-  mutó su tosca piel en materiales nobles como el mármol o el granito. El resultado fue aún peor: pretencioso, kitsch y totalmente fuera de lugar. Actualmente, algunos propietarios han optado por dar un toque contemporáneo a esa primitiva concepDSC01813ción austera, utilizando materiales como el acero laminado. Sin embargo, en ocasiones la sencillez vale más que cualquier otra intervención, y resulta mucho más económica. En Río de Janeiro utilizaron los colores para embellecer la horrible realidad de las favelas y, sin ir tan lejos, Girona hizo lo propio con las fachadas de las casas que dan al río Oñar.

Siempre he pensado que Terrassa mejoraría mucho su casco histórico simplemente con una limpieza de fachadas, y aplicando gamas de color para las viviendas que carecen de interés estético. Así lo han visto algunos -pocos- propietarios, que han intentado mantener la idiosincrasia primigenia de sus moradas, preservando sus fachadas de arena con pintura. Así parece haberlo hecho el propietario de la vivienda que podemos encontrar en el número 144 de la calle Topete. Eligió el arriesgado color turquesa para embellecer su casa, pero supo DSC01810utilizar bien el concepto monocromático, acentuándolo con pequeños toques de color cálido que le confieren contraste. Así, buscando la mirada del viandante, la ventana de la principal habitación de la casa se ha decorado con una simple idea: tres lámparas de papel de inspiración japonesa adornadas con flores sintéticas en tonos naranja. Primera nota de color. Por su parte, en el balcón del piso superior, donde hasta la baranda es del color de la fachada, tres macetas amarillas con plantas aportan la otra nota de color.

El resultado es de lo más armónico. Simple y austero, pero con una pequeña y creativa ornamentación en la ventana de lo que era el quarto de reixaA menudo, las ideas sencillas son más efectivas y cuestan poco dinero.

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