Chimenea SAPHIL

El reciente urbanismo de Terrassa ha acentuado el protagonismo que las chimeneas de las industrias textiles tuvieron en el pasado. El derribo o reutilización de las antiguas fábricas en ocasiones ha dado paso a plazas de uso público en las que la monolítica presencia de las chimeneas se ha transformado en monumento al pasado. Protegidas como Bien Cultural de Interés Local (BCIL), muchas de ellas sobreviven para conformar un peculiar y personal skyline industrial de Terrassa. Es el caso del fumeral de la empresa Sociedad Anónima de Peinaje e Hilatura de Lana (SAPHIL)

Con sus 36 metros de altura y las grandes letras blancas que se destacan en la parte alta de su fuste, esta chimenea ocupa hoy  el centro de una de las dos plazas que se habilitaron con la desarticulación de la antigua fábrica. Construida en ladrillo visto como todas sus “hermanas”, se asienta también sobre una base cuadrada y muestra una forma tronco-cónica con  un diámetro de 3 metros en su parte más baja que se estrecha hasta los 2,2 al finalizar. Está coronada con un collarín y pasarela circular, a la que se accede mediante una escalera de gato con protección de círculo metálico. Se construyó en 1961 y se ubicaba dentro de la fábrica popularmente conocida como  «l’Anònima».

El industrial Francesc Salvans i Armengol fundó la empresa SAPHIL en 1919 como resultado de la unión de varias fábricas dispersas constituidas en el siglo XIX. Posteriormente, la industria experimentó diferentes fases de crecimiento que, a su vez, se vieron adornadas por edificios que aglutinaban diversos estilos arquitectónicos. En su configuración participaron arquitectos como  Lluís Muncunill (1920) o Pere Pigrau (1943) y el resultado final fue una fábrica de grandes dimensiones que ocupaba una superficie total de 25.201 metros cuadrados. La nave de la calle Galileo se convirtió en la sede social de SAPHIL y en la principal central productora, donde se llevaban a cabo todos los procesos textiles en lana y estambre. Una vez cerrada la empresa, a principios de la década de 1990, la fábrica fue derruida en gran parte y el espacio que ocupaba se sometió a una transformación urbanística, a resultas de la cual se abrió la calle de la Filatura y se crearon dos plazas, la de L’Anònima (donde se ubica la chimenea) y la del Tint, ubicada al sudoeste de otra de las naves que aún se conservan. Parte del espacio ganado para la ciudad se destinó a viviendas y la nave con más valor arquitectónico se preservó, dando cabida a un supermercado. 

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