Escuela Industrial

La Escuela Industrial de Terrassa, junto con las Escuelas Pías, constituye un buen ejemplo de la rotundidad de la arquitectura historicista al servicio de la infraestructura educativa, erigida en un período de esplendor económico de la ciudad. Inicialmente llamado Palacio de Industrias de Terrassa, este edificio es un emblema no solo por ser vestigio de una época, como por lo que representó para la ciudad a nivel de conocimiento. Y es que fue gracias a las influencias del diputado en Cortes Alfons Sala que Terrassa obtuvo del Ministerio de Educación de la época la anuencia para que la ciudad fuera la sede de uno de los principales centros de formación técnica especializados en el emergente sector textil. Condición que mantuvo con los años como escuela de ingeniería y, en la actualidad, como parte de la Universidad Politécnica de Catalunya.

Pero vamos a la arquitectura, que es lo que aquí nos interesa. Considerado como un edificio historicista, se incluye también en la ruta del modernismo industrial porque muchos de sus elementos primigenios se corresponden con ese estilo. Fue una de las primera obras del arquitecto Lluís Muncunill, quien le confirió un tratamiento similar al dedicado a su gran especialidad: las fábricas textiles o vapores. Consciente del uso que debía acoger, el arquitecto concibió un espacio amplio sustentado por una estructura de hierro muy similar a las que empleara en sus fábricas. Optó asimismo por grandes aberturas que facilitaran la entrada de luz, habida cuenta que la electricidad no era por aquel entonces un sistema de iluminación generalizado en la ciudad.

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Muncunill concibió un edificio aislado, con planta baja y dos pisos, estructurado en forma de “U” alrededor de un patio interior, del que hoy queda un mero testimonio, pues sucesivas ampliaciones fueron reduciéndolo. Al acercarnos a él nos llama la atención la monumentalidad de su fachada y sus dimensiones. La piedra toma protagonismo en la piel de este edificio, aunque aparece enmarcada por el sempiterno ladrillo, tan común en la obra de Muncunill. En el cuerpo principal de la fachada por la que se accede al interior de la Escola Industrial es, no obstante, el ladrillo el que marca el carácter del edificio. Se vale el arquitecto de los arcos de medio punto decorados  y sustentados por columnas para crear un acceso señorial al recinto docente. Sobre las tres grandes puertas otros tres grandes ventanales acabados en arcos de medio punto aportan ligereza a la fachada que, aparece rematada por un gran frontón escalonado que da cabida a decoraciones de azulejos y un gran escudo de la ciudad.

El vestíbulo central, que da acceso a las aulas y a otras dependencias, permite hacernos una idea de las grandes dimensiones del edificio. Una estructura de columnas de hierro remachadas siguiendo los parámetros que puso en práctica el ingeniero francés Gustave Eiffel sustentan toda la nave central. Preside la estancia la lámpara original de inspiración modernista que diseñó Pau Bros, a quien también corresponden los apliques de la entrada. Recientemente, con motivo de la celebración de la Feria Modernista de Terrassa, tuvo lugar una visita guiada al edificio que permitió conocer algunos de los secretos del mismo de la mano de la historiadora Mia P. Tolrà. Entre ellos, que los murales que presiden esa estancia están pintados sobre papel de estraza, por lo que se vieron seriamente afectados por la humedad. Son obra del artista Pere Viver, quien los concibió en 1904, según los esbozos fechados que aún se conservan, y representan alegorías al comercio y a la industria textil.

Contribuyen a realzar ese gran vestíbulo que da acceso a una escalera señorial que nos lleva hasta la segunda planta donde nos aguarda otra sorpresa. En el salón de actos, oculta por una cortina, se halla una pequeña capilla actualmente en desuso por tratarse de un edificio aconfesional, pero que se conserva por sus valores artísticos. Se trata de un pequeño oratorio que, tal como explicó nuestra guía, se encargó al taller Mosaicos Artísticos Rávena del artista Santiago Padrós, conocido por su extensa obra en el cementerio de Terrassa y por sus importantes colaboraciones en el Valle de los Caídos y en el Monasterio de Montserrat. Para la ocasión, el artista terrassense recurrió al mosaico de tipo romano, elaborando un concepto sobrio y discreto que contrasta con el colorido de las pinturas que adornan las puertas de la capilla, obra de los alumnos de la Escuela de Artes y que representan a San José y a San Antoni Maria Claret.

El edificio original, que fue proyectad en 1901 e inaugurado el 3 de julio de 1904, fue creciendo para asumir la gran demanda de estudiantes y fue ampliado según el proyecto de Josep Domènech i Mansana, que le añadió dos naves perpendiculares a los extremos del edificio primitivo, que estaban destinadas a talleres. Ocupa una gran manzana entre la Avenida Jacquard y la calle Colón, y sigue acogiendo actividad docente.

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