Verdor romántico

Los jardines de la Casa Museo Alegre de Sagrera son actualmente uno de los pequeños oasis de verdor que pueden hallarse en pleno centro de la ciudad. Como en el caso del Parque de Sant Jordi, constituyen un área verde de esparcimiento ganada para la ciudad desde la iniciativa privada, ya que eran jardines privados de casas solariegas de la burguesía terrassense.

En el caso que nos ocupa, los jardines fueron construidos en los terrenos conocidos como las huertas de Sant Fruitós, que eran propiedad de la familia Sagrera. Se hallan en la parte trasera de la que fuera casa solariega de Joaquim de Sagrera, fabricante textil de finales del siglo XVIII. La casa, que está considerada como una de las joyas modernistas de Cataluña, fue remodelada en 1911 por los descendientes del industrial, Francesc Alegre i Roig y Mercè de Sagrera, quienes promovieron el jardín que actualmente podemos disfrutar los terrassenses.
Este espacio verde fue diseñado en 1912 presumiblemente por el arquitecto encargado de la reforma, Melcior Vinyals, como un jardín de estilo romántico francés. Ocupa una superficie de 3.522 metros cuadrados y entre los elementos que alberga figuran un pequeño estanque central, una gruta adosada al muro norte, bancos para el descanso, varios senderos rodeados de parterres de césped y una de las esculturas de Ferran Bach-Esteve representando a un niño. En ese espacio también pueden contemplarse dos construcciones preexistentes, como son una bodega y una almazara, que actualmente hacen las funciones de depósito del museo municipal.

Los jardines lindan con la calle Cardaire, desde donde tienen su acceso principal. Una gran reja de hierro forjado con decoración de guirnaldas y rosas los separa de la casa, en un espacio pavimentado por un mosaico con teselas de mármol de tres colores que configuran una ligera decoración vegetal y en el que se puede leer la inscripción “Salve” ante la reja. A dicho espacio pavimentado, que ejerce de antesala a los jardines, da el hermoso pabellón  de vidrio emplomado que conecta con el gran salón de la Casa Alegre y donde suponemos que la acomodada familia egarense pasaba sus horas de esparcimiento en invierno.

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