Eclecticismo ferroviario

Para muchos visitantes de Terrassa es el primer edificio de interés histórico-artístico que visitan sin ser conscientes de ello. Si la aproximación a Terrassa por tren se hace a través de los ferrocarriles estatales (ADIF), la Estació del Nord (Estación del Norte) es el punto de acceso al municipio. Su importancia hay que insertarla en un contexto más histórico que artístico, aunque no en vano, este edificio está catalogado como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) por parte de la Generalitat de Catalunya.

La Estació del Nord fue importante para Terrassa como motor de progreso y dinamización de la economía local, pues la llegada del ferrocarril a la ciudad industrial del siglo XIX fue determinante para potenciar la salida de mercancías textiles y la llegada de materias primas. Fue por tanto un pilar para el desarrollo de su floreciente economía y, tal como os he explicado en otro post, promovió el crecimiento urbanístico de la ciudad mediante el trazado del carrer del nord.

DSC00332La estación que se levanta en el paseo Vint-i-dos de Juliol data del año 1901 y sustituye a la que se construyó en 1856, cuando se puso en marcha la línea de tren que comunica Terrassa con Barcelona y Zaragoza. Ocupa el punto kilométrico 333,7 de dicha línea y se abrió al público cuando se inauguró el tramo de dicho trazado que unía Sabadell y Terrassa con Barcelona.

Se trata de un edificio de corte eclecticista, diseñado según la moda de la época para este tipo de equipamientos. Consta de un cuerpo central de dos plantas y dos alas laterales, coronado por un frontón circular ornamentado con filigranas y constituye un conjunto marcado totalmente por la simetría visual. Destaca en el primer piso, más ornamental, la balaustrada que protege sus tres ventanales acabados en arcos de medio punto; como arcos son también la solución estética elegida para diseñar las oberturas de la fachada en su planta baja.

Los tejados se concibieron a cuatro aguas y se decoraron en su intersección mediante cresterías de hierro. Una marquesina se extiende asimismo en la fachada posterior, soportada por una estructura de columnas de hierro que nos remonta a la estética modernista propia de tantos edificios de la ciudad y que también puede hallarse en otros elementos, como las columnas interiores también de hierro, o los trabajos de forja en balcones y barandas.

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