Pont de Sant Pere, el nexo entre las “dos Terrasses”

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Imagen de 1900 / Ragon-AMAT

El origen de la ciudad de Terrassa está, por un lado, en la villa medieval que creció junto al Castillo-Palacio del mismo nombre y, por otro, en el poblado íbero de Egosa,  que dio origen al obispado y villa de Ègara, cuyo legado es el conjunto monumental de las iglesias visigótico-románicas de Sant Pere o Seu d’Ègara.  Ambos núcleos de población estaban separados por lo que hoy es el Parque de Vallparadís, un torrente de gran profundidad que aislaba al pueblo de Sant Pere de los antiguos caminos reales por donde transcurrían comercio y viajeros.

Sin embargo no fue hasta el siglo XVII cuando se decidió salvar ese obstáculo geográfico con la construcción del Pont de Sant Pere (puente de San Pedro), uno de los dos viaductos catalogados como construcciones con valor historicoartístico de la ciudad. Su edificación fue encargada al maestro de obras Pere Pomers, pero ésta fue desarrollada por el también maestro de obras Ramon Suris. Ambos diseñaron un puente muy humilde y precario, sin planeamiento de futuro, con un planteamiento rústico y muy sencillo, pensado para solucionar el problema del aislamiento de Sant Pere desde la perspectiva de la época. 800px-Pont_de_Sant_Pere_(Terrassa)_V

Su edificación contribuyó de alguna manera a establecer lazos entre la sociedad rural y la incipiente Villa que en el siglo XX acabaría engullendo a la primigenia población. Durante todo ese tiempo se vio amenazado en varias ocasiones e, incluso declarado ruina, estuvo a punto de ser derruido; pero la toma de conciencia que la sociedad terrassense hizo de su patrimonio histórico con la llegada de la democracia salvó la vida a este puente, sin el cual no se entendería la historia de Terrassa.

El Pont de Sant Pere tiene una altura máxima de 19’3 metros, lo que da una idea de la barrera que suponía el Torrent de Vallparadís para las poblaciones que unía. Tiene asimismo un largo de 57 metros y su anchura es de 3,5 metros.

Lo soportan tres arcos de diferentes anchuras, siendo el central de medio punto y más ancho que los otros dos, que son apuntados. Esos arcos, al igual que los muros y pilastras, están construidos a partir de piedra de diversas calidades, entre las que también hay piedra arenosa que ha generado más de un problema en el pasado por su fragilidad ante los factores climatológicos. El arco central se hundió en el siglo XVIII y fue restaurado, por lo que se aprecia también la presencia de ladrillos.

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