Edificio Torredemer, sinuosidad casi etérea

Torredemer llegó a ser una de las más importantes fábricas textiles de Terrassa. Tal vez por ello, los propietarios del solar en el que se alzaba el edificio quisieron que fuera sustituida por un edificio de características singulares, capaz de captar la atención de quienes buscamos en la ciudad la belleza que la arquitectura le ha legado. Calidad y singularidad fueron dos de las premisas que los impulsores del proyecto plantearon al ejecutor del mismo. Calidad de los materiales y singularidad en cuanto a la propuesta formal. El proyecto fue encargado al arquitecto Eduard Broto Comerma, cuyo equipo se encargó de diseñar el edificio que hoy da protagonismo a un importante eje de la evolución urbanística experimentada por Terrassa en torno al cambio de décadaDSC02958

Tal como explica Eduard Broto, el edificio Torredemer se creó pensando en un concepto arquitectónico marcado por la sobriedad, pero no exento de una vocación estética. Su función mixta (oficinas, locales comerciales y viviendas) permitió a su creador establecer dos fachadas bien diferenciadas: una exterior más fría y minimalista; y otra interior, abierta al gran patio privado y más cálida, en la que dar cabida a los exteriores de las viviendas.

La fachada “de exhibición”, la que da al Paseo 22 de Juliol, se materializó  en piedra, vidrio y acero inoxidable. Es la que da carácter, singularidad, al edificio, y su principal característica es una sinuosidad casi etérea acentuada por los alargados ventanales, que demarcan cada planta como si se tratase de láminas pétreas que flotan unas sobre las otras. El efecto logrado por Broto confiere a la piedra tintes dinámicos que contrarrestan la pesadez propia de este material al reducir al máximo las aristas, en favor de las formas onduladas.

DSC02956El proyecto, tal como recuerda Eduard Broto, tuvo que hacer frente a las necesidades que marcaba el ordenamiento urbanístico previsto para la zona, por lo que hubo de adaptarse a los planteamientos del Ayuntamiento, que reclamaba locales comerciales y oficinas para la zona. Finalmente, se optó por una planta en forma de “U” con un patio interior amplio y orientado al sur, que aporta luz a las viviendas edificadas. La idea fue, en palabras de Broto, “monumentalizar” la parte de la fachada que daba a la rotonda de la carretera de Rellinars, ubicando allí un “bloque que tenía una cierta autonomía y significación” en torno al que construir nuevas fases en función de la disponibilidad presupuestaria. Dicho bloque se destinó a las oficinas, y  a partir de él emana el resto del edificio.

Fue un proyecto complejo y sofisticado desde el punto de vista técnico, en el que se empleó la más moderna tecnología del momento y para el que se recurrió incluso a técnicas utilizadas en grandes infraestructuras de obra civil, entre ellas la del post-tensado. Y ello en gran parte debido a uno de los elementos más significativos de la estructura, como es al esquina flotante que da a 22 de Juliol. “Nos impusimos el reto de que las oficinas volaran, generando una sensación más etérea del  edificio, a pesar de ser de piedra. Pretendíamos liberar ese espacio de la esquina y generar una circulación. Para ello hicimos un cilindro de hormigón que baja hasta los dos sótanos, sobre el que apoyamos unas jácenas de hormigón de 2 metros que nos permiten aguantar más de 7 metros de voladizo con nueve plantas encima. Fue de una complejidad de ejecución descomunal desde el punto de vista técnico”, rememora Broto.

DSC02967En cuanto a la ondulación generada a lo largo de la fachada principal, el arquitecto egarense explica: “Cuando trabajábamos en el proyecto nos gustaba la idea de jugar con las perspectivas, y de ahí se nos ocurrió la idea de generar ondulaciones porque, desde un determinado ángulo parece que el edificio hace pendiente, cuando no es así”.

El resultado, un bello edificio que genera la ilusión de contemplar una piedra marcada por distintas grietas longitudinales, que se construyeron mediante el uso de grandes losas de piedra que sirven de parapeto del balcón superior y parasol del edificio inferior. Una fachada que contrasta y se complementa con la interior,  “mucho más transparente, más amable y habitable”,  diseñada con unos paneles corredizos que aportan un constante movimiento y mutabilidad a la propuesta.

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