Hotel Don Cándido, fantasía circular

En esta ocasión toca revisar un clásico moderno de la ciudad, un edificio que contribuyó a cambiar la imagen que se tenía de Terrassa y ponerla otra vez dentro del circuito de hoteles de Catalunya. Tras muchos años en los que fondas y hostales acogían a los viajantes de comercio y a los ingenieros que visitaban la ciudad para atender los problemas de sus fábricas, con la llegada de los Juegos Olímpicos de Barcelona, en el año 1992, y la nominación de Terrassa como subsede olímpica se hizo necesario disponer de un establecimiento hotelero en condiciones para acoger a deportistas y turistas deportivos desplazados para seguir las pruebas de hoquey. La iniciativa de llevar a cabo dicha infraestructura fue asumida por una de las empresas más importantes de la cuidad, Cirsa, que abrió así su mercado -centrado en el sector del juego- hacia el de la hostelería.

El Hotel Don Cándido fue construido a la entrada sur de la ciudad, a la que se accede desde la autopista que la une con Barcelona (la C-58). Su diseño no dejó indiferente a nadie. Unos rechazaron su imagen moderna y rompedora por ser un “bloque de hormigón”, mientras  otros alababan sus curvilíneas formas.

Desconozco el autor del diseño de este hotel emblema, ya que me ha resultado imposible hallar información en Internet y tampoco obtuve la información solicitada a los responsables del hotel, así que esta reseña es más mía que otras pues son únicamente mis percepciones las que, en esta ocasión,  definen al edificio homenajeado.

Sin lugar a dudas, el Don Cándido sorprendió en su día por su planta circular, poco usual en este tipo de edificios y  que se eleva como una gigantesca y pétrea tarta de cumpleaños hasta alcanzar las seis plantas. Pero la principal habilidad del arquitecto fue el diseño de la fachada circular como si se tratara de una superposición de diversos planos que al girar conjuntamente dejaban cantos verticales en los que se habilitaron ventanas que dan luz a sus 110 habitaciones. Ello, unido a la forma irregular de cada plano y al uso de cristal y hormigón, dio como resultado una interesante propuesta externa que genera una sensación de dinamismo agradable a la vista.

La estructura circular deja un amplio atrio igualmente circular en el interior del edificio, que acentúa la altura del techo, coronado por un amplio lucernario, y que permite ver la definición de cada una de las plantas del hotel.

El interiorismo actual es obra de Josep Manuel Barea, quien rediseñó en 2003 el vestíbulo, el centro de negocios y el centro de hidroterapia. Igualmente en 2005 redefinió el concepto integral de todas las habitaciones del hotel.

El interiorismo actual es obra de Josep Manuel Barea, quien rediseñó en 2003 el vestíbulo, el centro de negocios y el centro de hidroterapia. Igualmente en 2005 redefinió el concepto integral de todas las habitaciones del hotel.

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