Nova Terrassa, color y dinamismo

Paseando por mi barrio topé con este singular edificio, que inmediatamente llamó mi atención por su colorida propuesta, una rompedora puesta en escena dentro de un barrio que aún se está definiendo urbanísticamente; arriesgada, pero a la vez acertada; con personalidad fuerte y llamativa. No lo dudé y me dediqué a fotografiar sus fachadas, descubriendo otras sorpresas en su original diseño. Una de esas fotografías fue a parar a mi cuenta de Instagram donde una amiga mía comentó: “¡Qué chulo!¿Eso está en este pueblo?”. Y entonces reflexioné una vez más sobre uno de los objetivos de este blog, que no es otro que poner en valor la belleza/riqueza arquitectónica de la Ciudad porque, a la vista está, que los ciudadanos pasamos a menudo al lado de muchos edificios que contemplamos des soslayo, muchas veces olvidando la otra misión que cumplen: la de embellecer nuestros espacios públicos. Recordé mi infancia y la de veces que he pasado junto a hermosos edificios modernistas a los que no he concedido la importancia que realmente tienen hasta después de haber vivido muchos años fuera de Terrassa. Agradecí la labor realizada por el Ayuntamiento al ponerlos en valor creando una ruta turística y generando una actividad de la que se veía al margen esta gran ciudad industrial.

Pero no quiero reflexionar aquí sobre eso. Volvamos al protagonista de esta entrada, que no es otro que el edificio Nova Terrasa, ya que tal es el nombre de la promoción que se construyó en 2007 en la confluencia entre las calles Baldrich y Navas de Tolosa.

Me costó un poco llegar hasta el responsable de este magnífico ejemplar de arquitectura contemporánea, pero al final llegué hasta él – desde aquí os recomiendo, arquitectos, que seáis un poquito menos humildes y firméis vuestras obras con una placa en las fachadas-.

Obra del conocido arquitecto Eduard Broto Comerma, el edificio Nova Terrassa es un inmueble plurifamiliar de 187 viviendas, que fue edificado en distintas fases, finalizándose en 2010.

Según cuenta Eduard Broto, a la hora de plasmar su creación partió de dos premisas: un ajustado presupuesto para el gran volumen edificable, y el deseo de dotar a este barrio emergente de un edificio con gran personalidad. “Vimos que teníamos ante nosotros un edificio con una gran potencia de volumen y nos planteamos hacer algo con un poco de gracia”. El concepto elegido para la fachada principal de este edificio, la que da a la calle Navas de Tolosa, fue “una estantería llena de cajas de colores, buscando un contraste con el fondo; unas cajas que son aleatorias: unas son individuales otras dobles y otras triples, y van configurando un desorden dentro del orden”, señala el arquitecto.

Efectivamente, al contemplar este edificio uno imagina una suerte de casas prefabricadas apiladas en una estructura blanca y no puede evitar también rememorar los juegos infantiles de construcciones con sus bloques de colores.

Esa especie de “divertimento” que supuso la elección del color para adornar la fachada principal fue a la vez una complicación para el estudio de arquitectos dirigido por Eduard Broto, pues hubo de afrontar distintas dificultades, como la propia selección de los distintos colores: verde, amarillo y rojo, o los materiales para su perdurabilidad. Así, Broto explica que las celdas de color se sometieron a varios experimentos hasta decidir recubrirlas con un material a base de aluminio y resina capaz de garantizar la impermeabilidad y la durabilidad del color.

Pero el fuerte diseño de colores contrasta armónicamente con la solución que el equipo de arquitectos de Broto Comerma eligió para el resto de las fachadas, donde el elemento color desaparece y la idea de la colmena cobra vida.

La promotora -cuenta Broto- quería para el resto del edificio una solución más austera y neutral y la incorporación  de balcones. Entonces se optó por la creación de una especie de malla de piedra y hormigón que dividía la fachada en celdas más o menos cuadradas, pero el acierto total fue jugar con la orientación dispar de las paredes que demarcan cada celda, generando un efecto dinámico, casi orgánico, de gran belleza, que otorga también personalidad al conjunto del edificio.

Una vez diseñadas esas irregulares celdas, se decidió obtener inspiración de las mismas para la elaboración de las rejas que protegen las ventanas de las viviendas de la planta inferior, acentuando la armonía del edificio, que fue construido en forma de “U” para albergar un patio interior.

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