Ayuntamiento con aires góticos

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El edificio que alberga al Ayuntamiento de Terrassa es un raro ejemplo dentro del prolífico legado que dejó a la ciudad el arquitecto Lluís Muncunill por su carácter claramente neogótico, que rehuye los matices modernistas que caracterizaron la práctica totalidad de su obra. El diseño del actual Consistorio fue concebido en el año 1898, cuando se decidió trasladar al solar de Can Galí el antiguo ayuntamiento, que ocupaba el caserón ubicado en el número 13 del Raval de Montserrat, que  a su vez pasó a ser propiedad del Instituto Industrial de Terrassa, fundado en 1873, con el objetivo de potenciar el gremialismo de los distintos sectores industriales. Sin embargo, los terrassenses no pudimos ver acabada la obra por completo hasta mucho después.
Muncunill estuvo al frente de las obras de este nuevo edificio hasta 1903, cuando su sucesor, Antoni Pascual i Carretero, asumió la construcción. El nuevo arquitecto municipal finalizó el segundo piso sin seguir estrictamente el proyecto de su predecesor, quedando el remate final de la fachada pendiente hasta que en 1986 se decide concluirla según el proyecto original de Muncunill.
Tres grandes arcos de inspiración gótica franquean el zaguán de acceso a la casa consistorial, presidido por una escalera ancha. Los mismos se apoyan en capiteles adornados con motivos florales de gran detalle, a continuación de los cuales se extienden cuatro nervudas columnas. Esos mismos detalles de inspiración vegetal se distribuyen a lo largo de toda la fachada en diversos elementos decorativos que aportan cierta dosis de barroquismo a un conjunto de esencia sencilla.
Sobre este portal cuasi eclesiástico se levanta el primer piso del edificio, caracterizado por el enorme balcón con balaustrada que cruza todo el frontispicio y al que se accede a través de un gran ventanal rematado en arco gótico apuntado con celosía y flanqueado por otros cuatro ventanales de igual constitución. Sobre este piso se halla un segundo con ventanas rectangulares que se aparta un tanto del concepto ideado por Muncunill en cuya parte central aparece el escudo de la ciudad, sobre el cual se halla el coronamiento final del edificio, en forma triangular, que enmarca un reloj. El edificio finaliza rematado con pináculos al más puro estilo gótico.
En su interior destaca la gran escalinata de piedra y  la claraboya con vitrales, al igual que los artesonados de yesería, obra de Jeroni Ablabó, que pueden verse en el Salón de Plenos y el gabinete de Alcaldía. A la Sala de Plenos se accede a través de una triple portalada gótica que asimismo resulta de interés arquitectónico, al igual que los trabajos de carpintería de Pau Güell y la Galería de tarrasenses ilustres, que exhibe los retratos de los personajes destacados de la historia de la ciudad, según una iniciativa nacida en 1914 con motivo del homenaje a Joaquim de Sagrera.

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